Mi opinión sobre el Bachillerato Internacional: ¿Es un modelo a seguir?

Como antiguo alumno del Bachillerato Internacional -acabé de cursarlo hace 3 años-, y supongo que motivado por el inminente comienzo de un nuevo curso, busqué hoy en Google “Opiniones sobre el Bachillerato Internacional”. Me sorprendí al encontrarme con muchos posts que resumían, de una forma casi académica, las virtudes que pretendía tener el programa, pero aún más con un artículo en prensa en el que Enrique Díez, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, comentaba cosas que, a mí, me resultaron familiares: plantillas de profesores dedicadas a formar a un puñado escaso de alumnos sometidos a una presión absurda a cambio de un mísero diploma, final de un período educativo que cuesta una cantidad absurda de dinero al Estado. El autor del texto, en definitiva, criticaba un supuesto trato de favor a un modelo privado de educación por parte de la Administración Pública, que hablaba de recortes y de falta de alumnado en las aulas mientras beneficiaba a unos pocos privilegiados que, además, no obtenían nada en realidad.

Como alguno ya habrá podido imaginar, soy uno de esos alumnos que estudió el BI en un instituto público. En concreto, lo hice en el IES Pere Boïl de Manises, Valencia. Debo decir que, en cierto modo, disfruté del programa que se me ofrecía, y que superé todos los exámenes con una solvencia suficiente como para que -espero- no se considere mi opinión fruto de mi desagrado sobre mis resultados concretos. De 45 puntos, obtuve 40 y, siendo que la media está en 30 puntos, pienso que tampoco está tan mal. El caso es que, lejos de pretender defender el sistema a través del cuál accedí a la universidad, me apetece analizar con honestidad el Bachillerato Internacional, explicitando sus aciertos y errores.

En un principio, debo decir que esta crítica iba a ser infinitamente más positiva. Al fin y al cabo, no puedo decir que no fuese divertido. Encontré algunos buenos amigos, que hoy conservo, y el resto de mis compañeros me parecieron personas enormemente interesantes. Por ende, cuando iba a empezar a escribir, estaba predispuesto a sobrevalorar la aventura que fueron aquellos dos años de estudio. Sin embargo, como uno de mis intereses es, de hecho, la educación, creo que debo a mi audiencia ser honesto respecto a mis opiniones y fundamentarlas en algo más que mi cariño hacia quienes me acompañaron y el recuerdo de divertidas aventuras. Por ende, me basaré, aunque sea ligeramente, en la perspectiva del artículo que he nombrado, y comentaré los datos que creo que serán más importantes para quienes leáis este texto.

En primer lugar, el tema de las clases reducidas es absolutamente cierto. En mi ámbito, la rama que incluye Física, acabamos el segundo año siendo menos de ocho personas. Es fruto de una selección muy estricta -y arbitraria, al menos en mi centro, basada en una entrevista-, así como de la separación de alumnos a la hora de dar clases en cuatro grupos diferentes, lo que hacía que las clases estuviesen, en efecto, muy vacías. Si tomamos de media unos 40 alumnos por centro dedicados al BI, y hay, como ya hemos comentado, cuatro bachilleres distintos -ciencias, ciencias biológicas, humanidades y ciencias sociales, por llamarlos de alguna manera-, es lógico que toquen a unas diez personas por curso. El caso es que, en ese sentido, el artículo tenía razón. Especialmente en ciencias, la individualización era muy notoria.

En mi centro, sin embargo, los profesores no tenían dedicación exclusiva y, excepto que quisieses irte al extranjero, se te instaba a hacer el selectivo igual que cualquier otra persona deseosa de ir a la Universidad, pues se asumía que las calificaciones del BI adaptadas al bachillerato normal no iban a ser muy amigables. Aún así, en la PAU la cosa tampoco funcionaba de forma muy espléndida, y entrar en Medicina pasando por el BI se antojaba infinitamente más difícil que por el bachiller normal o, en su defecto, a través de un ciclo formativo. ¿La razón? Los profesores prestaban muy poca atención a la preparación de las pruebas. Bastaba con inflarte la nota durante el curso y soñar con que, sin enseñarte específicamente, no la pifiases demasiado en los exámenes oficiales. Con decir que un 1 en un examen de Mates del Bachillerato Internacional equivalía, según los profesores, a un 5 normal, nos podemos hacer una idea de lo arbitrarias que eran las calificaciones. Todo inventado.

El caso es que el que se daba cuenta de que quería entrar en Medicina o alguna titulación por el estilo, o simplemente no quería tener una nota ridícula en el Selectivo, se marchaba. Se quedaron los que querían estudiar en el extranjero y cuatro locos -entre los que me incluyo- que supongo que pensábamos que la oportunidad había que aprovecharla. Con todo esto dicho, y sabiendo ya el lector que las notas, al menos en mi experiencia, son un poco aleatorias, dependiendo de cómo le caigas al profesor que, haciéndote un examen del BI, te tiene que calificar el Bachillerato normal sin examinarte de sus contenidos, y que para entrar en Medicina vas apañado, supongo que se deseará saber la clave: ¿vale la pena estudiar el Bachillerato Internacional?

Me hace mucha gracia porque, en las fechas en las que subo el artículo, la gente ya se ha matriculado -aunque esto es intemporal, a saber quién lo acaba leyendo-, y los afectados son personas que no van a poder cambiar su elección. Y digo que me hace gracia porque, en efecto, lo que voy a decir es lo que todos esperáis: el Bachillerato Internacional no es la gran cosa. Hablaré, como es lógico, de las asignaturas de la rama de ciencias.

La asignatura de Geografía se podría definir, para quien estudie alguna carrera humanística, como una especie de estudio antropológico sesgado, basado en la recopilación compulsiva de estudios de caso, todos de características similares y mensaje parecido, que te revelan algo que, humorísticamente, resumí alguna vez: los países subdesarrollados progresan adecuadamente en lo que sea que estemos valorando y los occidentales somos muy malos, simios destructivos que no son capaces de apreciar a los demás y que perpetúan los problemas ajenos mientras nuestros países se hunden, poco a poco, en la miseria. Era como leer a Irantzu Varela o a Barbijaputa, solo que esto al menos tenía algún dato que otro.

En el resto de asignaturas, la diferencia entre las del BI y sus equivalentes “normales” radica en la perspectiva y la carga de trabajo práctico. En el Bachillerato Internacional todo es más libre, te ponen dibujos, problemas algo menos técnicos, se evalúa en los exámenes que sepas explicar las cosas y no entran tanto en nimiedades. Por ejemplo, en Física se valora tanto que sepas calcular cosas sobre rozamientos como que entiendas qué es laminar un núcleo. No obstante, tampoco vale la pena emocionarse demasiado: son ejemplos metidos muchas veces con calzador en los textos y que, de tanto repetirse y ser explicados de forma tan obvia, sabes que van a salir. Te los estudias y ya. Es como ampliar un libro -con materiales, eso sí, de excelente calidad y alto precio- y forzar un poquito más la comprensión lectora y el pensamiento abstracto.

En castellano o en inglés, sí cambia bastante la cosa, pues te añaden lecturas que luego debes comentar, trabajos extra y exposiciones de todo tipo. Así mismo, te graban hablando sobre libros o temáticas de conversación clásicas y se evalúan las grabaciones de cara a la nota final. Dicho de otra manera, los exámenes son más completos y, durante el curso, aprendes -un poco- a hablar en público, a desarrollar tu creatividad y a trabajar en equipo. Del mismo modo, en Física y en Química haces prácticas donde compruebas fenómenos físicos y químicos sencillos, y luego tienes que elaborar un informe. Es todo bastante interesante y, seguramente, mucho más completo que un Bachiller normal, al menos en lo que a actividades extra y contacto con la ciencia y la reflexión se refiere. No es sentarse en una clase y tomar apuntes o, al menos, no siempre.

Como extra, está la Monografía, un trabajo de 4000 palabras -si no recuerdo mal- sobre un tema a tu elección y supervisado por un profesor, que acaba convirtiéndose en un esfuerzo bastante duro, y la asignatura de Teoría del Conocimiento, que es algo así como reflexiones filosóficas de carácter bastante simple que suponen una brevísima aproximación a lo que sería una asignatura del grado en Filosofía real. Luego, haces tú mismo un ensayo, apoyándote en ciertas fuentes, eligiendo un tema de entre una lista de opciones posibles, y ya está.

Con todo esto, quizá da la impresión de que el BI es maravilloso. Al fin y al cabo, todo son “añadidos” a lo que ya te da un Bachillerato normal, así que no habría razón para quejarse. No voy a entrar en que este tipo de estudios sean caros o no, porque no es algo que me parezca particularmente relevante -si bien seguro que acabo haciendo alguna sucinta mención a este tema-. Sin embargo, sí que voy a aportar algunas ideas que creo que esclarecerán lo que opino, sinceramente, del Programa del Diploma.

Sé que muchos pensarán en lo que te puede aportar este título de cara a los estudios universitarios, pues no son pocas las veces que he escuchado eso de “ah, habiendo hecho BI, la carrera te habrá resultado más fácil, ¿no?”. La respuesta es clara y simple: no. Había personas, viniendo de otro tipo de institutos y programas, superiores a mí, mejor formados matemáticamente y más adaptados para la titulación. No sé si será porque estudiaron por su cuenta pero, en todo caso, la forma de trabajar del BI no está adaptada a la realidad de una universidad española, así que mentiría si dijera que el BI te lo va a hacer -mucho- más fácil intelectualmente hablando. Una demostración del Grado en Matemáticas no se parece en absolutamente nada a una de Matemáticas Grado Superior del Programa del Diploma, ni los trabajos que se exigen son similares, ni el modelo de los exámenes se parece en nada. Lo único que he visto parecido es la UNED que, por muy odiada que sea, tiene un sistema de exámenes excelente, al menos en mi titulación.

Lo que sí vas a coger, sin ninguna duda, es una mayor tolerancia al trabajo. Al fin y al cabo, son dos años donde haces multitud de informes, de manera que es cierto que no te pillará de sorpresa si, en la carrera, te piden que expliques algo o que elabores un documento. Aprendes a formalizar las ideas y a usar fuentes, así como algunas nociones superficiales de pensamiento crítico y un espíritu dubitativo que no están mal. Pero, si pensabas que el Grado después del Bachillerato Internacional iba a ser un paseo, te equivocas -tal vez dependa de la rama que elijas, no lo sé-.Vas a tener que trabajar y adaptarte a la universidad igual que cualquiera, o incluso más, porque vienes de un lugar donde todos viven en una nube vaporosa y etérea en la que todo es relativo y las notas flotan en el mar de la incertidumbre. Te pondrán un examen en la universidad y será reproducir lo que has aprendido, sin más. De los apuntes de tu asignatura, sin florituras, y ahí el BI no te servirá de nada. Podría decir que no va a ser así, pero lo será.

Otro punto es el tema de los profesores. Son formados por una institución privada para dar las clases, y son bastante competentes en ello, al menos en mi caso. No obstante, y esto siempre me ha dado qué pensar, la ideología del BI es, en general, muy progresista. Resulta curioso ver a profesores de izquierdas defender temarios profundamente ideologizados, elaborados por una institución privada para ser aprendidos por alumnos privilegiados cuya formación cuesta una barbaridad de dinero. Esto solo es una apreciación personal, la de que me parece incongruente lo que la izquierda suele pensar del elitismo y la segregación por aulas en base a supuestos niveles superiores con el modus operandi progresista -impostado- del Bachillerato Internacional. Me recuerda al señor Burns de los Simpsons usando un gorro para parecer joven, máxime cuando los mismos profesores que aceptan exámenes eliminatorios como los del BI se llevan, luego, las manos a la cabeza cuando un gobierno derechista habla de evaluaciones externas. En fin, qué sé yo.

¿Pero, entonces, hago el Bachillerato Internacional o no? 

No lo sé. ¿Quieres una formación ligeramente superior, junto con un aprendizaje basado en el trabajo y la exigencia, que culmine en unos exámenes eliminatorios -odiados, paradójicamente, en todo el resto de ámbitos de la vida- y en un diploma que no te exime de tener que hacer el selectivo pero sí te ayuda para irte al extranjero? Entonces, ve al BI, pero sé consciente de que es una empresa privada, que te da unos contenidos a cambio de cobrarle una cantidad exagerada de dinero al Estado, así como de que, cuando entres a la universidad, tampoco vas a notar que tienes un aura de imbatibilidad por haber dado Geografía o Teoría del Conocimiento. Es una grata experiencia y ampliará tus horizontes en cierta medida, pero no va a servirte para diferenciarte eternamente de los demás. Y que no se te olvide que, después del BI, la vida sigue.

PD: Para sentirte especial, va genial, tampoco nos vamos a engañar. La cara que ponen los demás al escuchar que has hecho el BI, como si fueses astronauta, es impagable. La magia se perderá cuando abras la boca, pero disfruta del momento. 

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