Esto no es feminismo

Dado que el referéndum ocupa las líneas de casi cualquier periodista que se precie, supongo que mereceré perdón si utilizo un ejemplo relacionado con la política para ilustrar un tema como el feminismo. Agradezco, por otra parte, a un amigo su aportación inestimable a esta entrada del blog pues, sin su expresa colaboración en forma de reproche, jamás estas líneas hubiesen sido escritas.

Muy probablemente, Xavier García Albiol sea un político conocido por la mayor parte de la ciudadanía española y, especialmente, por la catalana. Su eslogan, “Limpiando Badalona”, ha pasado a la historia como una de las frases de campaña más bárbaras a nivel nacional, si bien le sirvieron para imponerse en las urnas. A pesar de ello, según la mayor parte de periódicos que he podido leer, ayer García Albiol fue machista al decir que las urnas que había presentado la Generalitat se parecían al cubo donde su mujer deja la ropa sucia.

Como nota aparte, antes de seguir con el artículo, vamos a denotar las cosas que Xavier García Albiol no dijo, que veo venir muchos comentarios: 

-“Mi mujer debe lavarme la ropa”.

-“Lavar la ropa es de mujeres”.

-“Mi mujer es inferior a mí por lavarme la ropa”. 

Esto lo pongo, sobre todo, por la infinidad de personas que, en lugar de leer lo que alguien ha dicho y criticarlo, se inventan  significados profundos e ideas que ellos intuyen y, desde ahí, empiezan a atacar. 

Bien, podemos continuar.

Para ilustrar lo que quiero decir, voy a poner un ejemplo: si Xavier García Albiol hubiese dicho en un mitin, por ejemplo, que X cosa se parecía al telescopio que utiliza su mujer, astrónoma (pongamos el caso), para ver las estrellas, ¿alguien se habría quejado? Se trataría, sin más, de una comparación y, de hecho, de una de muy buen gusto para la mayor parte de la gente, seguro.

La diferencia no está en el tono del mensaje. Es exactamente la misma idea, solo que cambiando un telescopio por una cesta de la ropa sucia. Seguiría diciendo eso de “mi mujer” (que, por lo que sea, a mucha gente le molesta) y seguiría hablando del trabajo de una persona del otro sexo usándolo como ejemplo de algo. Sin embargo, los y las “feministas” hubiesen visto de otra forma esa referencia. El motivo es sencillo.

Cuando hablaba con mi amigo, noté que, en él, subyacía una idea terriblemente negativa sobre un fenómeno que, en España, es muy habitual: la mujer que se dedica a cuidar el hogar. Por la razón que sea, se extrae, del hecho de que un hombre mencione que su mujer lava la ropa, que éste pone a su pareja en una posición de inferioridad hacia él. Y eso he de reconocer que no me hace gracia.

Ser ama de casa es un trabajo muy digno y sacrificado. Muchísimo. En otra época, en otro momento, con otras necesidades, hubo muchas mujeres que tuvieron que quedarse en casa cuidando de los hijos. Y, hoy, aún hay infinidad de ellas que lo hacen, porque quieren o porque el empleo español no da para más. O porque no pudieron estudiar. O por cualquier otra razón. Y son tan decentes como cualquiera, y su trabajo es igual de digno que el de una mujer que, ahora, pueda ser física o ingeniera. Exactamente igual, porque el empleo de alguien no es lo que le ofrece dignidad.

No es machista decir que tu madre se ocupa de las tareas del hogar. Lo que sí es machista es creer que, por hacer eso, una mujer deja de ser digna o baja un escalón social. Un hombre, por trabajar en la mina y llevar una vida durísima, no es menos hombre que un ejecutivo de una gran empresa. Una mujer, por trabajar en casa y haberse ocupado de esas tareas, no es menos mujer que Angela Merkel, ni está menos empoderada. Es curioso, pero el clasismo toma nuevas formas siempre que lo necesita y reaparece para asustarnos una y otra vez.

Estamos muy equivocados cuando decimos que la política tiene que dejar de hablar de que hay mujeres que son amas de casa. De que no está bien que un político hable de la ocupación de su mujer si se dedica a limpiar, planchar o cocinar, porque eso, por lo que sea, es una vergüenza. ¿Somos conscientes de que, al decir eso, estamos diciendo que nos avergonzamos de miles y miles de madres que tuvieron que vivir así, en épocas difíciles, para sacar adelante a su familia?

Es más, al hablar de esa manera, manifestamos implícitamente que nos avergonzamos de las mujeres que aún hoy lo hacen. Como si, por hacer eso, fuesen el eslabón perdido de la evolución feminista hacia el empoderamiento femenino. Y yo, sinceramente, no creo que el feminismo tenga que ver con mujeres de primera y de segunda, con mujeres que sean ejemplo y mujeres que sean ovejas negras. Y, si va por ahí, es que yo, leyendo sobre este tema, me he perdido algo.

Pero la ignorancia no tiene límites y, hasta el final, estamos dispuestos a decir que una persona que habla del empleo de su mujer está siendo machista porque “da a entender que la mujer es la que tiene que hacer esas tareas”. La razón por la que, muchas veces, la izquierda no conecta con una buena parte de la ciudadanía es porque niega que existan realidades que los hacen sentir mal. En su microuniverso de consignas y frases hechas, se olvidan de que, detrás de la ideología, hay un país en el que hay amas de casa que merecen ser representadas políticamente, y que no es malo hablar de su trabajo.

El feminismo habla de dignidad. El feminismo habla de igualdad. Y habla sobre la mujer, en general. No habla de una mujer concreta, digna por cumplir una serie de atributos. Habla del sexo femenino. Y yo que, según quién, soy machista por no sentirme representado con quien insulta a miles de mujeres, les pido que nunca dejen de hablar de los problemas de verdad. Que no dejen de contestar a quienes creen que una mujer, por lavarles la ropa, está “poco empoderada”. Que no dejen de denunciar lo que sí merece la pena denunciar. Porque sí, hay muchas cruzadas que valen la pena.

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