¿Sirven de algo las “plantillas” para escribir mejor?

Cuando cursaba el Bachillerato (no hace tanto, por otra parte), recuerdo que me preguntaba, haciendo gala de una inocencia que ahora me parece hasta graciosa, por qué el comentario de texto de la PAU estaba tan limitado Íbamos a clase y recibíamos órdenes muy concretas en relación a la elaboración del mismo: teníamos que empezar por “El texto trata/versa …”, continuar con un “su autor es … y fue publicado el … en la edición … del diario …”, el orden de las diferentes secciones del comentario estaba definido, los elementos a los que había que prestar atención estaban claramente destacados y, en definitiva, poco faltaba para que se nos ofreciese un esquema predefinido en el que solo hubiese que insertar el título del texto y los ejemplos, pues el resto, en realidad, parecía no tener ningún valor. Incluso había ciertas expresiones icónicas que, mimetizándonos con la profesora, acabábamos repitiendo sin darnos cuenta.

Lo curioso de todo esto es que ahora, enfrascado en la escritura de mi primera novela, me doy cuenta de que todos esos términos y construcciones que repetíamos como si no tuviesen importancia, como si fuesen simple relleno, eran lo realmente importante del comentario de texto. La dificultad quedaba completamente eliminada por el esquema.

La razón es que estructurar un texto correctamente es, probablemente, de las cosas más difíciles de aprender que existen. Hacerlo espontáneamente requiere de una maestría al alcance de muy pocos. Saber cuándo hacer referencia a cada cosa, cómo combinar las palabras para que sean agradables para una lectura interior o, incluso, cuándo clausurar un párrafo, son cualidades que no todo el mundo tiene. De hecho, hay escritores profesionales que carecen de ellas.

Es por eso por lo que a cualquiera que le guste escribir le cuesta poco darse cuenta de cómo chirría nuestra formación reglada, cómo de anclada en el pasado y torpe es. No se nos prepara para saber expresarnos. En la escuela no se aprende cómo organizar nuestras ideas y crear un relato coherente. Es fácil verlo con un ejemplo: rellenar un formulario.

La escuela nos enseña a cumplimentar los espacios en blanco dentro de un formulario, pero no nos explica por qué el formulario es de esa manera y no de otra. ¿Nunca os habéis fijado en el esquema que siguen las hojas de reclamaciones, fácilmente comprensible? Pues, aunque parezca difícil de creer, una buena parte de la población tiene que hacer un esfuerzo para comprenderlo y poder rellenar una hoja de reclamaciones.

De hecho, siguiendo con este ejemplo, las hojas de reclamaciones llevan a mucha gente a no querer protestar. El motivo es muy simple: tienen que explicar, en pocas líneas, algo que les ha ocurrido de forma que sea comprensible, y tampoco estamos preparados para eso. La escritura real es al aprendizaje de escuela y Bachillerato lo que una enorme llanura es a un pasillo.

No obstante, a veces uno también tiene la sensación de que, tal vez, haya conocimientos que no estén hechos para todo el mundo, de la misma manera que no todos los deportes pueden ser practicados de forma medianamente eficaz por todos los seres humanos sobre la faz de la Tierra. Por eso, igual que uno pega patadas a una pelota de fútbol con sus amigos en el parque y no se cree futbolista, tal vez tengamos que entender, aunque sea difícil, que alguien puede copiar y pegar un esquema y hacer un comentario de texto y, sin embargo, tener interiorizado que eso no prueba que sepa escribir.

Si yo tuviese que recomendar algún truco para aprender a redactar, lo tendría claro: leer. Leer muchísimo. No hace falta ni siquiera que sean libros. Páginas web, relatos, incluso una simple revista del corazón. Todos los textos, por triviales que sean, son revisados por alguien con conocimientos en la materia. No obstante, esto da para otra reflexión, así que me voy a contentar con dejarlo como una idea suelta.

Por si a alguien no le ha quedado claro, ¿sirven los esquemas para escribir mejor? En cierto modo, sí, pero son como el triciclo de los niños pequeños: aprendes qué es pedalear pero, por mucha maestría que cojas, seguirás sin saber lo que es ir en bicicleta hasta que te montes por primera vez en una. Eso sí, no hay que olvidar algo: escribir es mucho más difícil que montar en bici.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Una idea sobre “¿Sirven de algo las “plantillas” para escribir mejor?”