Las cosas no son tan simples

Si la información es el oro del mundo moderno, la droga son las explicaciones sencillas. El periodista y el ideólogo son alquimistas con más mérito que los de antaño, pues no se limitan a tratar de transmutar algún metal en oro; son capaces de extraer, de una escasa porción de la realidad, la resolución completa de los conflictos. En ocasiones, la respuesta a un problema complejo se convierte en una píldora de fácil digestión, que te suministran con vehemencia hasta que te la tragas. ¿Quién no ha ido lo de “ningún ser humano es ilegal”? ¿Es que acaso no os parece el paquete de medidas más adecuado para afrontar las crisis migratorias? Y solo en cinco palabras. Incluso en el Twitter de siempre, sobrarían caracteres.

¿Tienes un problema con la violencia de género? “Solo sí es sí”. Subimos la apuesta. Nos ahorramos una palabra, e incluso otra se repite. ¿Surge un nuevo partido político, Vox? “Son extrema derecha”. Hemos llegado a las contestaciones que involucran únicamente tres términos. Otras respuestas similares serían “son los inmigrantes”, “la culpa es de Pedro Sánchez”, “el cambio climático es un invento” y similares. Aquí no queda títere con cabeza, como viene siendo habitual. Y es que, en el noble arte de reírse en la cara de la gente, todo el espectro político tiene un doctorado.

Recuerdo a Albert Rivera diciendo que un comité de ética era “un grupo de conservadores” (o una terminología similar) porque no le dieron la razón sobre, si no recuerdo mal, la gestación subrogada. Ayer mismo, escuché a un tertuliano argumentar que el consumo de pornografía era uno de los principales causantes del aumento de las violaciones y, en particular, de las manadas. Albert Rivera desconocía lo que es un comité de ética y, además, lo atacaba con absoluta desvergüenza, haciendo bueno ese dicho de que la ignorancia es la madre del atrevimiento. Por otro lado, el periodista del que he hablado no tuvo problema, a pesar de los múltiples estudios que apuntan a que el porno alivia las pasiones terribles de los perturbados, en acusar a esta clase de vídeos de ser lo contrario: un acicate para los perversos o para los enfermos.

El problema de toda esta nueva ideología que está surgiendo es que sus conclusiones son, en cierto modo, de sentido común, con la trampa que eso conlleva. Al fin y al cabo, si en el porno podemos ver violaciones grupales y cada vez se consume más contenido de este tipo, es plausible la idea de que la pornografía tiene que ver con el aumento de las agresiones sexuales. Del mismo modo, cientos de años atrás, se llegó a la conclusión de que el movimiento aparente del Sol evidenciaba que el astro se movía en torno a la Tierra. Efectivamente, era una posibilidad más que razonable. Lo mismo pasa con la violencia de género. Dado que existen machistas y muchos hombres violentos, no cuesta mucho suponer que el último asesinato cometido por un varón se ha producido porque el hombre creía que la mujer era su posesión. De nuevo, una explicación sencilla que adolece de lo mismo que todo lo que hemos venido comentando: insuficiencia.

Lamentablemente, la mayor virtud que tienen todas estas visiones fatalistas de la sociedad es que convencen a la gente a martillazos. Los extranjeros son violadores y ladrones, las mujeres son todas maravillosas y se merecen lo mejor porque estuvieron oprimidas, todos los asesinos son exactamente iguales y así hasta el infinito. Quien emite estos mensajes sabe a qué tipo de gente desea convencer: en realidad, habla así porque su objetivo es estimular el sesgo de confirmación de la persona con la que se está comunicando. Dicho de otra manera, el proceso no es “yo digo que los hombres son todos potenciales violadores y así tú empiezas a enervarte y acabas admitiendo mi visión”, sino más bien “emito este mensaje para que tú, que tienes una tirria particular hacia los hombres provocada, seguramente, por tu especial sensibilidad al machismo o a la violencia de género, aceptes mi versión como la real”. No nos equivoquemos, lo mismo pasa con los inmigrantes. Quienes creen las visiones holísticas de “todos los extranjeros son malos” no las creen porque las difundan determinados personajes o medios, sino que lo que ocurre es que personas predispuestas a esa visión, debida a experiencias personales, ven confirmadas sus ideas en las palabras de un tercero, adoptando poco a poco su discurso.

Por eso, me parece que es clave, para entender lo que nos está tocando vivir, interiorizar que los mensajes que recibimos son una suerte de globos sonda que tratan de resonar con nuestras percepciones más arraigadas. Nadie trata de convencer al que piensa distinto por medio de la persuasión a través de los argumentos. Lo que se busca, en realidad, es convertir al disidente en acólito a través de punzadas en sus puntos débiles. Es cuestión de analizar la cultura popular y ver dónde se puede meter mano, qué frase de cinco o seis palabras es más adecuada para el contexto, en qué momento decirla, cómo formularla, quién debe ser el portavoz y cuántas veces al día debemos oírla. El éxito está en que el organismo particular que se ha interesado por tenernos de su lado consiga, en el menor tiempo posible, que la inmensa mayoría de personas se expresen exactamente de la misma manera. Dicho de otra manera, la victoria está en reducir toda una discusión a la repetición psicótica de mantras.

Es evidente, visto todo esto, que nosotros cargamos con una terrible responsabilidad. Nuestra desidia y conformismo está cavando la tumba de la intelectualidad, precisamente en la era en la que más posibilidades hay para la difusión de ideas. Escudándonos en la falta de tiempo, y en lo complicada y lenta que es la búsqueda de información, acabamos enterrando la cabeza en el lodazal generado por personas inteligentes que, en el fondo, solamente piensan en dinero. Porque, si lo piensas fríamente, no

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