Un año después de estudiar Matemáticas: mi opinión actual sobre el Grado

Hace ya mucho tiempo, escribí mi primer artículo relacionado con el Grado en Matemáticas. Lo cierto es que, en el momento en que lo hice, me pareció que no habría nada que modificar en el futuro. Al fin y al cabo, era mi opinión, había pasado ya por todas las etapas y la perspectiva parecía más bien fija. No obstante, me equivocaba: la formación no se puede valorar hasta que no la pones en práctica y, especialmente, hasta que no la puedes analizar comparativamente. Dicho de otra manera, solo entiendes si has elegido correctamente tus herramientas cuando las pones en una balanza con las virtudes que tiene el resto. Por supuesto, como podéis imaginar, me estoy metiendo en un terreno (muy) espinoso y espero que nadie se ofenda.

Ahora que estoy opositando, concretamente para la Hacienda Pública, me relaciono con personas que, genéricamente, han estudiado Derecho, Derecho+ADE, ADE o Economía (y otras combinaciones de las que, sinceramente, prefiero ni saber). Por supuesto, a la hora de tratar con lo que ahora estoy estudiando, me hubiese resultado mucho más rentable escoger cualquiera de esas opciones; no obstante, a nivel de habilidades, de ese “algo” tan interesante que hemos acabado llamando competencias, dudo mucho que me haya tocado la peor parte de la tarta. Siempre desde un punto de vista personal, vamos a ello.

Las matemáticas son razonamiento. Razonamiento en un sentido puro. Premisas y conclusiones. Dudo que Platón se equivocara cuando decía que los futuros “filósofos gobernantes” debían estar bien instruidos en lo que a matemática se refiere, porque ésta te acerca mucho a la estructura básica del acto de pensar. Saber purificar las relaciones conceptuales es una ventaja enorme. Entender lo que es suficiente y necesario para que algo se dé no es una habilidad que solamente sirva en los teoremas, sino que es útil en la vida. Desconocer lo que puedes desechar sin verte perjudicado creo que es la definición pura de no tener ni idea de lo que estás haciendo con tu existencia.

La matemática, sorprendentemente, te pone en otro nivel respecto a otras materias. Lamento decirlo de forma tan clara, pero es así. Una vez has visto un razonamiento complejo matemático, el resto te parecen simples. Es como cuando tienes calor, pero decides meterte en una sauna, sales y el mundo parece gélido. Te “cura de espanto”, digamos. La gente sobrevalora sus propias carreras. En mi oposición, se valora mucho la literalidad (dicho de otra manera, aprendértelo como un loro), pero hay muchos que disculpan el escaso valor intelectual de eso diciendo algo como “lo importante es saber aplicarlo”. Aplicarlo es, en sí mismo, saber discurrir. Una vez has visto cómo aplicar un teorema, aplicar el Derecho te parece cosa de niños. Es decir, honestamente no es una cosa difícil. Por supuesto, no me refiero a sentencias difíciles en las que tengas que tener en cuenta muchas cosas, sino a que nunca, en el Derecho, lees algo y te preguntas qué significa en un sentido “existencial”, cómo puede ocurrirte con el Álgebra de Galois.

Son tipos distintos de complejidad. Lo que puede ser difícil del Derecho Civil no es tanto que sea absurdamente complicado entender exactamente qué relaciones conceptuales hay entre las cosas, sino, más bien, que el lenguaje que se utiliza es rebuscado. El lenguaje matemático es todo lo contrario: es la simplificación máxima que puedes encontrar para expresar algo profundo. El Derecho, a veces, es al revés: la complicación más surrealista que puedes ver para decir algo trivial.

Por ende, la dificultad, una vez has visto un razonamiento matemático, de los razonamientos de otras disciplinas consiste en saber qué significan los términos. Es decir, puede que no sepas resolver un problema sobre costes marginales en economía, pero no porque te cueste comprenderlo conceptualmente, sino porque no sabes lo que es un coste marginal. Por poner un caso concreto, en la asignatura de contabilidad me preguntaron cómo registrar una letra de cambio a través de un asiento en los libros de una empresa. Cuando le dije que no sabía hacerlo, supongo que el profesor pensó que era porque me parecía complejo el procedimiento. Se sorprendió cuando le dije que, simplemente, no sabía lo que significaba letra de cambio.

Dicho de otra manera, y siendo MUY sincero, salir de la carrera de Matemáticas te hace ver las habilidades del resto como… reducidas. Ojo, no porque seas más inteligente, sino porque tu aprendizaje está en otro nivel. La complejidad de un razonamiento económico, el 80% de las veces, se resuelve sabiendo qué significan los conceptos. Ni que decir tiene de uno de Derecho: si tuvieses el Código Civil delante, al final la complejidad está en saber dónde está el artículo que te sirve y copiarlo. Por supuesto, estoy hablando de mi interacción con estas disciplinas, más que siendo objetivo respecto a las disciplinas en general. No te sabría decir si habrá alguna interpretación del Derecho muy compleja, pero estoy bastante convencido de que todas ellas serán divisibles en razonamientos más simples o, en todo caso, corresponderán a doctrina anterior que, en caso de que la conozcas, resolverá tus dudas.

Por ponerlo más sencillo, considero (puedo equivocarme, obviamente) que hay una dificultad intrínseca en resolver una operación matemática, o en entender un razonamiento o la aplicación de un teorema, que no existe en el caso del derecho o la economía. Es decir, la ley es, en sí, un manual de instrucciones de cómo usarla, mientras la matemática es, más bien, como una caja de herramientas. Sorprende lo sencillos que parecen los razonamientos de otras disciplinas cuando los comparas con uno del estilo “adapto la forma de esta expresión para poder aplicar este teorema”. Es decir, cuando te das cuenta de la diferencia entre un universo sin intuiciones y uno que sí las tiene, empiezas a valorar lo simplificado que es el segundo. Si no necesitas ideas geniales, el mundo es más sencillo.

Dividiría los razonamientos, al final, en dos grupos: los basados en “lluvia de documentación” y los fundamentados en “baño de intuición”. El Derecho se basa en lo primero: si tienes una gran memoria, puedes acabar con toda duda con fuerza bruta. Si piensas en un problema de gestión tributaria y te sabes todos los Reglamentos y la Ley General Tributaria desde el principio hasta el final, se acabó el problema. Las matemáticas son lo segundo: puedes saber que una integral se resuelve por un método concreto (dicho de otra manera, sabes el “artículo” del Código de las Matemáticas a aplicar), pero eso no te garantiza solucionarlo.

Por eso, este artículo es una “fe de erratas” del anterior. Una revisión de mis pensamientos previos acerca del Grado en Matemáticas. Si quieres estudiar el Grado, puede que sea muy teórico, puede que te canses, puede que te funda mentalmente y que te preguntes qué estás haciendo con tu vida. De hecho, es lo más probable. No obstante, piensa en el futuro, incluso inmediato. Luego te mides con los demás, y el mundo está lleno de personas que memorizan 10000 artículos del Código Civil y se ponen nerviosos con una división de cabeza. Y, créeme, de no saber de memoria el Código Civil se sale a base de estudio; de no entender las matemáticas se sale con otro tipo de esfuerzo. Nada que ver.

PD: No pretendo ofender a nadie con esta opinión. No obstante, todo lo que digo es totalmente en serio, y basado en mi experiencia.

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