Poema 1: De Cicatrices.

Esta vez, volvemos con un nuevo poema. Se trata de una composición ambientada en el universo de mi primera novela, Cicatrices. Lo digo porque siempre habrá quien piense que me refiero a mí mismo, aún cuando dedico bastante tiempo, quizá más del que debería, a aclarar que no me siento identificado personalmente con mi obra en el mundo de la literatura, al menos no de forma directa. Sin más dilación, os dejo con el poema.

Sospecho que esta noche
tampoco tendré a la suerte de mi parte.
Si este es el final, o si tan solo es un punto y aparte,
lo decidirá el azar, pues no hay nada constante.

No sé cuál es la decisión correcta,
no conozco la respuesta exacta,
sólo sé que esta es la tormenta perfecta
y yo quiero que, por una vez, Atenas sea Esparta.

Quiero que la lluvia y el fuego
se mezclen sobre nosotros,
que la muerte sea vida, y la vida muerte.
Que verte me duela y me guste el dolor,
que todo sean cenizas y disfrute su olor.
Quiero ser malvado medio día
y héroe a media jornada,
quiero superar los límites y la teoría.
Quiero descansar en tu posada cuando todo esté perdido.

Quiero melancolía, noches de pensamiento desenfrenado,
quiero ser tu amigo y tu maestro,
quiero que vuelvas a buscarme cuando todo haya acabado,
cuando todo ya esté muerto.

Déjame ganar por una vez
y subir al trono de Dios,
déjame correr por delante de todos.
Haz que mi ascenso sea suave
y que mi caída provoque una explosión,
hazme algo al alcance de pocos.

Ocupa en mí una página
del libro de la vida,
prometo merecerme cada palabra que escribas.
Hazme imborrable, indestructible, inabarcable,
no me dejes ir a la deriva.

Mátame despacio y constrúyeme deprisa,
devuélveme el tiempo que ya me has quitado,
borra por una vez mis Cicatrices,
corta mi memoria, haz que mi pasado no me importe,
que todo lo externo sobre.
Hazme libre.

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