Cuando hasta un Nobel deja de merecer respeto (Vargas Llosa y Podemos)

Hace poco comentaba con un conocido la imperiosa necesidad que tenemos en este país, España, de una enseñanza que fomente el respeto. De años, que no he vivido, en los que la autoridad era supuestamente incontestable y no había reclamación posible ante sus designios, hemos pasado a una época en la que la noción de la autoridad ha perdido absolutamente todo su sentido. Hoy tenemos un país profundamente crítico e irónico, sí, pero también sumamente ignorante.

No voy a ser yo (tranquilos) quien censure la libertad de expresión, y sigo manteniendo que esta cuenta de Twitter tiene el derecho de publicar esta comparación y sus seguidores de retwittearla o manifestar su agrado por ella. Ahora bien, que se respete su derecho a difundir este contenido no quiere decir que este no pueda ser juzgado como una muestra de enorme estupidez e incapacidad intelectual, como una consecuencia más que obvia de un mundo atontado y mediocre.

Lo que acaba de pasar con Mario Vargas Llosa es lo mismo que ocurre con los políticos, con los empresarios, con los famosos o con los futbolistas. Nadie, y repito, nadie, está exento (a no ser que sea del agrado del fantoche de turno) de ser insultado sin motivo alguno por una horda de enfervorizados defensores a ratos del liberticidio que gustan de hacer pública su estupidez para, después, llamar “cuñado” a quien no piensa como ellos.

Hay que darse cuenta, antes de que sea demasiado tarde, de que Twitter (y cada vez más Facebook) es la nueva barra del bar, aunque una barra de bar enorme, inabarcable, llena de personas decididas a salvar el mundo no ya siquiera entre gintonic y gintonic, sino entre serie de Netflix y serie de Netflix. El nuevo salvador de la patria ya ni siquiera necesita estar ebrio para decir sandeces, sino que es capaz de demostrar su estupidez en plenitud de sus facultades.

Y es que, ¿qué diferencia hay entre un cuñado y una cuenta (de derechas o de izquierdas, son lo mismo los dos formatos) de Twitter de estas que, como “ácido en la red”, divulgan contenido del valor intelectual del que hemos visto antes? Absolutamente ninguna. Aportan lo mismo a nivel social y utilizan el mismo recurso que todos los cobardes a nivel planetario: el convencimiento de que, afortunadamente, jamás ocuparán ellos ningún lugar especialmente relevante.

Es cierto que las palabras de Mario Vargas Llosa, comparando la presión de Podemos a los periodistas con la banda terrorista ETA, no fueron la expresión más clara de la lucidez del escritor, y me parece perfecto que políticos como Pablo Iglesias o Alberto Garzón hayan mostrado su rechazo a la expresión del escritor. Por supuesto, se puede mostrar desacuerdo ante las opiniones ajenas, vengan de quien vengan, faltaría más.

El problema viene cuando personas sin ningún tipo de lustre se atreven a tratar de imbécil a un Premio Nobel de Literatura. Es ese tipo de comportamiento asqueroso que se enseña en las escuelas, de oposición a todo sin motivo alguno, de altivez, de desacato. Esa obsesión repugnante por quitarle autoridad intelectual a quien la tiene legítimamente, sea juez, catedrático, escritor o político, y que lleva a que, por ejemplo, en las universidades, se escuchen comentarios como “en todo caso esto lo decidiré yo, qué sabrá el profesor sobre mis necesidades”.

Y es que sí, para qué negarlo, somos una generación de gente mal educada, que no “maleducada”. Mal educada porque a nuestros padres y maestros se les ha olvidado enseñarnos, aparte de a manifestar nuestro punto de vista, a entender una jerarquía básica, la que indica que un chaval de dieciocho años sin formación no puede creerse por encima del bien y del mal solo por cuatro Me Gusta en Facebook. Se han obsesionado tanto por hacernos entender que teníamos que tener una opinión que se han olvidado de recordarnos que, muchas veces, nuestro punto de vista también puede estar equivocado, y que hay personajes a los que podremos criticar, pero no faltar al respeto. En definitiva, nos hemos olvidado de educar para la convivencia.

La solución es bastante complicada. Ya estamos acostumbrados a vivir en un mundo en el que nadie se merece respeto, en el que cualquier payaso patético puede tratar de reírse de un Premio Nobel y tener detrás a miles de palurdos riéndole las gracias. El mundo habla sentenciando, cada uno de nosotros tiene la verdad absoluta y nadie tiene derecho a decirnos nunca lo que tenemos que hacer. Penoso mundo es este.

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2 comentarios


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    Cuando llegaremos a comprender.que.el.problema de.fondo. es..estas.barbaridades de lo que piensa, dicen y actua.la.gente es producto.de.lo que pasa en.sus cerebros y lo que sucede de .acuerdo a la.neurociencia.es.que.sus.cerebros están.atrofiadospor el.exceso de información y de.estimulos.sensoriales.que. no.les.permite razonar bien.

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  2. Angelica Castro
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    Pies creo que VLlosa lo describió perfectamente. Y usted tiene toda la razón con lo que dice de los jovenes, pero es un síntoma más, de que hacen falta valores dentro de la familia…es decir, nos dan la razón a los conservadores. Que los jóvenes sean rebeldes es norma, lo que no es normales que no tengan ni pizca de modales ni de repeto hacia ninguna autoridad.
    Podemos es la peor peste que le ha pegado a España, dirigentes que “no tienen madre” (así decimos en Mexico ala gente que no respeta nada) o como si no la tuvieran porque no les enseñaron lo que que es el más mínimo respeto.por nada ni nadie que se oponga a sus intereses, a ellos, su padres les enseñaron a despreciar los valores porque eso es lo que hacen los cretinos para justificar sus mundanidades y no ‘sentirse’ mal (porque ahora eso es lo más importante) o juzgados. El remordimiento (conciencia del mal) es el peor sentimiento y es loqnue pretenden aniquilar. Los jóvenes no son malos, son jóvenes, pero sin valores y creencias son vulnerables, y el problema son los adultos concientes y perversos que solo los usan, ya sea de cañon, de valla o de porra para sus negocios políticos, mismos a los que su vida, su salud y su futuro les importa un carajo.

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