Y este es el Sindicato que defiende a los estudiantes…

Leía el otro día en la prensa española una noticia en la que la líder del Sindicato de Estudiantes, Ana García Rubio, se quejaba de las limitaciones de las Universidades y, en general, del mal estado de la educación en nuestro país. Pese a ser el mismo tema que ya se ha comentado miles de veces, el propio Sindicato y Ana llamaron profundamente mi atención. ¿Cómo podía ser que existiese un Sindicato de Estudiantes y yo no lo supiera?

Busqué información sobre García Rubio en Google y llegué, sin ninguna dificultad, a la web del propio Sindicato. Entré en la pestaña de Afiliación, con el objetivo real no de afiliarme, sino de, simplemente, comprender qué objetivo tenía la organización, y me topé con lo que me imaginaba: no era otra cosa que una asociación sectaria. “El Sindicato de Estudiantes es una organización estudiantil de izquierdas, revolucionaria y anticapitalista que defiende la educación pública, gratuita, democrática y laica”, es la explicación que ofrecen de su labor.

¿Por qué se llama Sindicato de Estudiantes a una organización “de izquierdas, revolucionaria y anticapitalista”? Hasta donde yo sé, un sindicato tiene el objetivo de defender a un colectivo de trabajadores de los abusos y excesos de los que mandan. ¿Hace falta ser de izquierdas para entrar en el Sindicato de Estudiantes? ¿No sería, entonces, más bien un “Sindicato de Estudiantes de izquierdas, revolucionarios y anticapitalistas”?

No obstante, lo que es relevante de todo esto no es que un Sindicato se ponga de nombre “de Estudiantes” y determine excesivamente su pensamiento. El problema viene cuando la prensa se hace eco de las reivindicaciones de este colectivo hablando de “los estudiantes”. ¿Los estudiantes? ¿Yo? ¿Yo también? ¿Esta organización que tiene ideología y hasta un sistema socioeconómico predilecto representa a todos los estudiantes?

Para entender un poco mejor al Sindicato de Estudiantes, vale la pena leer acerca de su líder, Ana García Rubio. Con 31 años y una carrera de Audiovisuales a la espalda, con experiencia laboral nula y un currículo bastante dudoso (asegura que  está estudiando idiomas y en el paro desde que acabó la carrera), forma parte del Consejo Escolar del Estado, lo cuál es un logro para una organización que, de 1,5 millones de estudiantes universitarios que había en 2011, contaba con 20000 personas. Dicho de otra manera, se le da voz a menos del 2% del alumnado en el Consejo Escolar del Estado, contando con ni más ni menos que 3 de 8 delegados de los alumnos.

Aún peor que el hecho de darles voz es constatar que la organización anticapitalista y enemiga del Estado recibió más de 230000 euros entre 2007 y 2010. Reiteremos, a 20000 personas les dieron 230000 euros. Dicho de otra manera, nuestro país alimenta organizaciones increíblemente minoritarias con dinero público y luego se escandaliza cuando éstas consiguen organizar huelgas, por ejemplo. Así de paradójico es todo. 50000 euros recibieron en 2010 directamente de la Secretaría de Estado de Educación.

Uno se puede tomar la licencia de preguntarse por qué una asociación de la que nadie sabe absolutamente nada, de organización opaca e ideología extremista, con una líder en defensa de los estudiantes y de los trabajadores amparada por un currículo mediocre, es merecedora de tanta repercusión y de asientos en comisiones educativas dentro del propio Congreso de los Diputados, asientos que bien podrían ser ocupados por el otro 98% de estudiantes o, por qué no, por expertos en  la materia, que nunca sobran.

A veces, creo que somos demasiado ingenuos. Es evidente que los poderosos se hacen a sus enemigos a medida. Elevan a la categoría de rival, dándole fondos, a quienes saben que pueden derrotar, a aquellos con los que no se identifica la mayoría, para que pensemos que nadie nos puede representar, que estamos solos. Si yo creyese que la única líder estudiantil que puede existir es Ana García Rubio, y que el único sindicato que puede aceptar la tarea de defenderme es el suyo, desde luego no tendría razón alguna para creer.

Por suerte, es posible que, eventualmente, se rompa este sistema. Es posible que aparezcan nuevos colectivos que, actualmente, carecen de voz, y que aporten nuevas ideas. Al fin y al cabo, cada persona es un mundo, y cada uno de nosotros tiene algo que defender y argumentar.

Como conclusión, quiero decir que no tengo nada en contra del Sindicato de Estudiantes, más allá de que considero que no representa al estudiante medio y que sus postulados se alejan infinitamente de lo que debería defender una simple plataforma de presión en defensa de la enseñanza pública y de calidad. No hacen falta la hoz y el martillo para defender el lápiz y el papel.

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2 comentarios


  1. ·

    Yo he estado metido en actividades del SE en mi época del pere y puedo decirte que lo que dices a parte de ser completamente cierto se quedaría corto si comenzase a detallar como actúan podría hacer cuatro continuaciones del artículo.

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