La sensibilidad como forma de vida

Para poneros en situación de lo que quiero tratar brevemente hoy, comentaré los dos ejemplos que me han motivado a hablar sobre el tema: uno es la crítica sorprendente a un establecimiento por poner en el mantel con el que sirven sus hamburguesas la frase “Más frescas que tu vecina del 5º”, y otro la sorna con la que se ha comentado que la CUP haya utilizado en su publicidad para el 1 de octubre a una mujer barriendo, en una imitación de carteles de la Falange, la URSS, etc. con un carácter, para según quién, sexista.

No me deja de sorprender la facilidad que tenemos hoy en día para mezclar la reivindicación con la excesiva susceptibilidad. Y no lo digo yo: la persona que destacó el comentario más o menos jocoso de las hamburguesas dijo haberse sentido “ofendida” por haber tenido que leer el juego de palabras. No le voy a quitar a la muchacha el derecho de molestarse, pero sí creo que deberíamos ser todos un poco más comedidos con estas cosas.

Deberíamos ser un poco más comedidos porque, entre otras cosas, hacer humor es muy difícil. Ya de por sí, realizar un comentario jocoso que haga disfrutar a una inmensa mayoría de personas día tras día cuando lo lean no es tarea fácil. Esta cadena, como muchos monologuistas, como muchos autores, decidió hacer uso de expresiones graciosas y amigables de escaso valor literario. No nos engañemos: no es la primera vez que vemos que alguien hace algo así, ni va a ser la última.

Tenemos infinidad de ejemplos de personas que, por su escasez de material de calidad alta, tienen que recurrir a este tipo de humor simplista para llenar espacios. El Hormiguero, programa admirado por mucha gente, no es más que eso: un espacio con grandes invitados amenizado a través de espectáculo y humor, ambos no muy lejos del “caca-culo-pedo-pis”. Y también ha recibido críticas su presentador por machista, misógino, etc., como no podía ser de otro modo.

Si lo de “El Hormiguero” tiene disculpa, pues tiene que venderse en un país donde el ingenio brilla por su ausencia, más perdón merece una cadena de alimentación que utiliza chascarrillos sencillos para no pillarse mucho los dedos. Y es que (y lo digo con lástima) con este tipo de cosas nos estamos empezando a comportar como niños pequeños. Me parece feo que alguien finja que es la primera vez en su vida que lee un comentario así, y que se pueda sentir honestamente ofendido por ello. Y me lo parece porque, simple y llanamente, está engañándose y engañando a los demás.

Una persona que esté sensibilizada con lo que realmente es el machismo, un sistema patriarcal de eliminación de la visibilidad de la mujer y socavación de sus infinitas virtudes, no puede ponerse como una fiera ante una cadena de comida haciendo bromas, porque desmerece la lucha. Porque todos hemos escuchado, a lo largo de nuestra vida, miles de burlas hacia colectivos determinados (a los que, ni muchísimo menos, pretendo igualar en la enumeración, por si acaso): mujeres, discapacitados intelectuales, pobres, enfermos… Ninguno de nosotros hemos nacido ayer, y llevamos toda la vida conviviendo con personas de mediocre nivel humorístico que se intentan hacer las graciosas con estos temas, y todos sabemos que, en su mayoría, no son mala gente.

El problema no es que se llame “fresca” a una mujer, un comentario que habremos escuchado diez mil millones de veces y del que ya deberíamos estar cansados. El verdadero horror es que cobren menos que los hombres, que no se valore su trabajo, que se les considere el sexo débil y que vivamos con condescendencia hacia ellas, como si necesitasen un “macho” que las ayude a superar sus supuestas inseguridades. El horror máximo es que un hombre pueda considerar a una mujer de su propiedad. Eso sí es algo que debería tenernos preocupados, y no que cualquiera pueda hacer un chiste de feos, gordos o tontos que, al fin y al cabo, ni quita ni añade nada.

Mi problema con estos temas es que, quizá, me los tomo demasiado en serio. Quizá me tomo demasiado en serio que mujeres mueran, día tras día, a manos de sus parejas o ex parejas, o viceversa. Quizá me molesta personalmente que se minusvalore a alguien por su apariencia, y más por la que no se elige. Quizá me hace demasiado daño que se haga sufrir gratuitamente a alguien para deleite de unos cuantos descerebrados. Y por eso no soy capaz de entender a quien, consciente de que todo esto ocurre, se enfada por una broma en un mantel, o por un cartel político. No comprendo a quien le saca punta a todo olvidándose de dónde está lo que realmente justifica la preocupación.

¿Vivimos en un sistema patriarcal? Sí. ¿Se oprime a la mujer? Sí, en algunos ámbitos y por parte de algunos individuos. ¿Hay, por eso, que prohibir todo humor referente a la mujer? No. ¿Hay que ofenderse cada vez que se use un tópico para hacer reír? No. Se seguirán haciendo chistes de mujeres frescas aún cuando el mundo funcione bien, porque se hacen también de obreros ignorantes o de negros (sí, de negros, es un color, no pasa nada) esclavos, y la inmensísima mayoría ya sabemos que ni los obreros son más estúpidos ni los negros merecen ser sirvientes nuestros por su tono de piel.

El humor fácil siempre va a existir. Los tópicos no se van a eliminar, así que será mejor que nos concentremos en extirpar la horrible realidad que se esconde detrás de ellos. Dejemos la susceptibilidad atrás y luchemos por lo que merece la pena.

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