No, esto ya no tiene solución

Un nuevo atentado. Uno más de una larguísima lista. Theresa May alertando de que la población inglesa tolera de forma excesiva el extremismo, Donald Trump reivindicando su veto migratorio con la tragedia de Manchester aún en la memoria y el mundo occidental preparándose mentalmente para el siguiente asalto. Tal vez la policía sea desplegada en las calles de las principales ciudades. Incluso es posible que el Ejército tenga que hacer acto de presencia. Pero hay algo que no se nos debe olvidar: ya hemos perdido.

Leeremos, estos días, miles de soluciones posibles: mejorar la seguridad, controlar mejor la entrada y salida de personas, vetarlos directamente, acabar con el extremismo, una mejor educación… Que no os engañen. Nada de eso es verdad. Si tú fueses una de las víctimas de Manchester, para ti ya sería demasiado tarde. Si fueses una de Londres, ayer hubiese sido tu último día. Y eso es una derrota. Es una derrota que debemos compartir todos.

No es que salgamos a la calle con miedo. No es psicosis colectiva. Es que la mera posibilidad de que algo así ocurra es aberrante. La gente no se está volviendo loca, ni reacciona así por el pánico. Estamos muriendo. YA hay víctimas, y esas personas no van a volver nunca. No es que nos estemos preparando para un conflicto inminente, es que ya ha ocurrido y hemos perdido. Hemos perdido vidas por el camino.

Los gobiernos han fracasado protegiendo a su gente. Cuando un camión, dirigido por alguien que la policía tenía fichado como extremista, arrolla a una multitud, el gobierno ha fracasado. Cuando tenemos, en países como Bélgica, barrios conocidos por su conflictividad y donde se sabe que hay extremistas, el gobierno está fracasando. Día tras día. Porque no se trata de masacres, sino de personas.

Si uno de esos locos coge un cuchillo, sale a la calle y mata a una única persona, el país en el que haya ocurrido eso ya ha fracasado. No es una cuestión de crueles cifras, donde un atentado es un atentado solo cuando es espectacular. Una única víctima ya es una derrota. Y es una derrota para siempre. No es una batalla perdida de la que después podremos resarcirnos. Los muertos no vuelven a la vida. La guerra era por salvarnos a todos de la locura. Ya hemos perdido, pues ya hay familias en las que falta un ser querido, y va a faltar siempre.

¿Son todos los musulmanes unos extremistas? Por supuesto que no. Pero ya no se puede soportar que según quién venga a darnos lecciones de respeto y democracia. Vivimos en países que han luchado siglos por los derechos que ahora podemos disfrutar. Hemos sido iluminados durante años y años por la luz de la Razón, y hemos caminado hacia lo que tenemos ahora. Países donde ya no hay lugar para estas locuras. Aquí ya no vivimos dominados por ninguna ideología. Somos libres. No nos tenemos que avergonzar de ser europeos, de vivir en nuestros países ni de luchar por nuestro futuro.

Nadie tiene la obligación de velar por la paz mundial, pero sí tiene la necesidad imperiosa de luchar por su propia supervivencia y la de sus seres queridos. Eso está por encima del bien y del mal. No hay nada más allá. El multiculturalismo no sirve si un solo ser humano hijo de la Ilustración muere a manos de un subdesarrollado fanático. Nos deberíamos sentir avergonzados por no entender que el legado que nos han dejado debe ser defendido por encima de todo. Somos hijos de la libertad. Hemos dado la cara por el mundo entero.

Nuestra sociedad, nuestro sistema económico y nuestra brillantez han llevado a que, hoy, el mundo sea un lugar mejor, a que la pobreza extrema se haya reducido, a que la cultura haya florecido y a que caminemos hacia un futuro que no se hubiese podido ni soñar hace años. No son los demás los que se han echado la Tierra a la espalda. Hemos recorrido cada rincón, documentado cada civilización, y las seguimos estudiando día tras día. Hemos aprendido de cada una de ellas y evolucionamos a pasos agigantados. ¿Por qué tenemos que sentirnos avergonzados?

Deberíamos dar gracias por ser lo que somos. No podríamos ser nada mejor.

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