¿El sistema educativo es demasiado exigente?

Vamos a hablar hoy de educación, pero de una forma sencilla, que todo el mundo entenderá. El gobierno (y la oposición, porque el que calla otorga) ha tomado la determinación de permitir, al menos este curso, porque ya sabemos que la política es más cambiante aún que la climatología, que se pueda superar la etapa de Educación Secundaria Obligatoria (la ESO) con dos asignaturas suspendidas, siempre que no sean, simultáneamente, Matemáticas y Lengua Castellana y Literatura, e incluso con la nota media del curso por debajo del 5.

Ya era conocido que en etapas incluso más avanzadas, como el final del Bachillerato y la entrada a la Universidad, no se exigía más que un cuatro en la Selectividad para poder optar a cursar un grado universitario (aplicándose luego, lógicamente, la criba por nota dependiendo de la titulación que le interesase a cada cual). Ese ha sido uno de los argumentos de quienes defienden esta medida, al menos de forma cautelar: ya se aplica en otros niveles educativos y, de alguna manera, da seguridad a los alumnos de que superar la etapa no será tan complicado, máxime este curso que, hasta hace poco, ni siquiera se sabía si iba a haber reválidas o no.

El tema importante no es si es lógico hacer lo mismo con la ESO que con el Bachillerato, o si hay que “tranquilizar” a alguien en épocas convulsas como las que se viven en el gobierno del país. No es cuestión de victorias o derrotas políticas. Lo que tanto se criticaba, el uso partidista de la Educación para ganar elecciones basándose en concesiones a determinados colectivos, se está haciendo ahora para sostener una coalición de gobierno con enormes diferencias internas. Y ese es el verdadero problema.

Y lo es porque es preocupante que en un país europeo alguien plantee que es normal que se apruebe suspendiendo. Sí, una auténtica paradoja, darte un título por unos conocimientos que no has sido capaz de demostrar. Cuando nos vinieron a enseñar a los españoles la cultura del esfuerzo debieron traer como tutores a los más vagos disponibles, porque nos han dejado la cultura del esfuerzo sin el esfuerzo: nos premiamos por un supuesto trabajo duro sin preocuparnos lo más mínimo por si dicho trabajo es real o no.

No me vale que vengan profesionales educativos a decir que “es que hay que tener en cuenta los contenidos aprendidos y no solo la nota”, porque estamos hablando de la ESO. La última etapa educativa obligatoria. Es la última vez que se podrá acreditar que muchos chavales han adquirido algún conocimiento para el resto de sus vidas. La última vez.

Será la última vez que podrás controlarlos, comprobar que estudian y que son capaces, dándoles un tiempo y unas preguntas, de demostrar que han entendido un texto y saben resumirlo y dar su opinión. La última vez que podrás ponerles problemas matemáticos básicos (enormemente básicos) y cerciorarte de que saben resolverlos. La última vez que podrás hacerles un examen de Historia, o de Geografía, y asegurarte de que saben algo de lo que ocurrió en el mundo antes de la invención de Mujeres y Hombres y Viceversa. Reitero, por si no ha quedado claro: la última vez.

No es un asunto baladí. No se trata de “bueno, este año lo dejamos de prueba”. No, las cosas no funcionan así. Hay chavales que, a causa de este “año de prueba” van a aprobar sin saber ni analizar sintácticamente una oración, o sin saber siquiera resolver ecuaciones de primer y de segundo grado. Y jamás, en toda su vida, volverán a tocar un libro. Es la última oportunidad que teníamos para asegurarnos de que recibiesen al menos un poso decente antes de dejarlo, y la vamos a desaprovechar “por no complicar las cosas”.

Lo de aprobar con menos de un 5, igual que lo de la Selectividad con un 4, es una vergüenza nacional. El problema no es ya que se aplique (eso es una catástrofe, no un problema), sino que alguien siquiera se atreva a plantearlo. Que salgan diciendo “es que así se reduce el fracaso escolar”. Vergüenza. Poniendo que pobre es solo el que come menos de una vez cada dos días también podríamos hacer desaparecer las tasas de pobreza en el país. De hecho, si llamásemos alto a quien midiese más de 1’60 metros, yo podría jugar en la NBA. Qué asco me da que salgan supuestos expertos a decir ese tipo de estupideces.

Pero más asco me da aún que aceptemos estas cosas. Que los alumnos se alegren de esto, que se sientan aliviados. En Finlandia, ese país al que todos quieren parecerse en sus muros de Facebook porque no ponen deberes y sus profesores son súper enrollados, para pasar al Bachillerato se necesita un 7’5 de nota media en su equivalente de la ESO, y la Selectividad la supera solo el 20% del alumnado. Aquí, en España, ya no se necesita ni un mísero 5 en ESO, y la Selectividad la aprueba el 97%.

Pero, ¿sabéis qué? Qué más da. Sigamos apoyando esto. Que los hijos sigan diciendo a sus padres que en el colegio les exigen demasiado. Que los padres vayan a quejarse a los profesores, que seguro que ellos tienen la culpa de todo. Quejémonos de lo que tenemos poniendo ejemplos de los que no sabemos nada. Vivamos en la época del “es que no me comprenden”, “es que el sistema no está hecho para mí”, “es que mis habilidades son súper especiales y nadie las entiende”, y que los padres sigan alimentando las ensoñaciones megalómanas de sus hijos. Será mejor que, poco a poco, cojamos la costumbre de avanzar de culo, porque con la cabeza ya hemos demostrado que no vamos a ninguna parte.

¡Dame “Me Gusta” en Facebook o Sígueme en Twitter si te ha gustado este artículo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *