La Ley de Violencia de Género y el machismo por decreto

Debatía, no hace mucho, con un amigo sobre la Ley contra la Violencia de Género, específicamente acerca de la parte en la que asegura que la violencia se ejerce sobre las mujeres “por el mero hecho de ser mujeres”. Recuerdo perfectamente que, para la persona que conversaba conmigo, dicha aseveración no tenía importancia alguna, y me recriminaba que me fijara en detalles nimios en lugar de entrar en el fondo de la cuestión: a las mujeres las están matando y toda precaución es poca, incluso si nuestra forma de paliar la violencia entra en contradicción con un valor tan simple como la igualdad ante la ley. El fin justificaría los medios, en definitiva y, en cierto modo, hasta podría ser cierto. Al fin y al cabo, todo luce bastante inocente, y ese dogma parece tan ambiguo que cualquiera podría imaginar que no tendría consecuencias. Por desgracia, sus efectos ya están llegando:

https://www.publico.es/sociedad/violencia-genero-supremo-sentencia-agresion-mutua-hombre-siempre-ejerce-violencia-machista-mujer.html

Solamente con la entradilla de la noticia, mi recelo respecto a introducir consignas ideológicas en leyes queda más que justificado:

El Alto Tribunal considera que “no es preciso acreditar una específica intención machista debido a que cuando el hombre agrede a la mujer ya es por sí mismo un acto de violencia de género con connotaciones de poder y machismo”.

En efecto. El Tribunal Supremo ha interpretado la ley exactamente igual a como lo hubiese hecho yo, pues entiendo que su escritura no deja lugar a dudas. La ambigüedad, en el fondo, no existe: la mujer se encuentra inmersa en un sistema dominado por el hombre, en un mundo con un machismo histórico que aún persiste, y la violencia que se ejerce sobre ella, sea del tipo que sea, se enmarca dentro de esa espiral de dominación. Los hombres agreden a las mujeres porque son la parte poderosa de la sociedad, la que se siente amenazada por la progresiva independencia femenina, y cualquier acto de ataque -incluso en una trifulca abierta y bilateral- se interpreta dentro de esa lógica. Los hombres agreden a las mujeres por ser mujeres. Ni más, ni menos. Por ende, la ley deja claro que el componente machista y retrógrado del género masculino está implícito en toda “guerra” que mantenga un hombre con una mujer.

El Tribunal Supremo usa la lógica para otorgarle a los hombres el papel que una parte del feminismo desea que tengan en la sociedad: son los artífices de un mundo competitivo, cruel, desalmado y frío, los gallos del corral que no son capaces de separarse del comportamiento de las bestias, y que envenenan el mundo con su desagradable existencia. El resto de hombres, siempre y cuando manifiesten comportamientos similares -la agresividad, sin ir más lejos-, pueden ser encasillados también de la misma manera que los cabezas de cartel, que los llamados “señoros”, los “machirulos” de los que tanto se habla.

Por todo esto, me sorprende que tanta gente se lleve las manos a la cabeza y vea este hecho como “la gota que colma el vaso” en su relación hasta entonces idílica con el feminismo hegemónico. Lo que ha ocurrido es la consecuencia de la admisión de políticas identitarias, de explicaciones sociológicas “low-cost” que son fáciles de entender, de interpretaciones generalistas sobre hechos disgregados a los que se les trata de unir con una finísima cuerda en un enorme concepto llamado “patriarcado”. En el momento en el que se abre la puerta a extraer conclusiones pseudo-religiosas de hechos reales, a entender relaciones estadísticas como pruebas fehacientes de supuestos delitos contra la moralidad (sin ir más lejos, interpretar que si no hay un 50% de mujeres en absolutamente todas las categorías que se nos ocurran estamos en un mundo lleno de machistas) y a asustar a la población con cifras escandalosas que enmascaran la magnífica realidad de que tenemos uno de los países más seguros del mundo, no nos podemos quejar de los monstruos que esto pueda crear después.

Para que no parezca que estas son afirmaciones sesgadas, vamos a ver algunos datos a modo de conclusión. Primero, España es uno de los países con menor tasa de homicidios del mundo. Lo podéis comprobar aquí:

https://www.elplural.com/politica/espana/espana-es-uno-de-los-paises-con-menor-tasa-de-homicidios-del-mundo_117530102

Ese enlace sugiere, efectivamente, que hay un problema en España con la violencia machista. No obstante, viendo los datos reales en comparación con otros países europeos, la cosa cambia bastante:

https://es.statista.com/grafico/16159/tasa-de-mujeres-victimas-de-homicidios-intencionados-por-parte-de-su-pareja/

Por último, os dejo con este artículo del diario “El Mundo”, del que voy a rescatar un solo párrafo que me parece muy representativo del país en el que vivimos:

https://www.elmundo.es/espana/2018/12/27/5c23c11bfc6c8326618b45ad.html

En España es once veces más probable que alguien se suicide a que le maten. Por cada homicidio hay diez muertos por caídas, seis muertos en accidente de tráfico y dos por sobredosis.

Una respuesta to “La Ley de Violencia de Género y el machismo por decreto

  • blade runner
    8 meses hace

    Excelente artículo
    Lo guardo como parte de recopilación de artículos “feministas”

    Me gusta este párrafo, parece extraído de un artículo de barbijaputa:
    “son los artífices de un mundo competitivo, cruel, desalmado y frío, los gallos del corral que no son capaces de separarse del comportamiento de las bestias, y que envenenan el mundo con su desagradable existencia. El resto de hombres, siempre y cuando manifiesten comportamientos similares -la agresividad, sin ir más lejos-, pueden ser encasillados también de la misma manera que los cabezas de cartel, que los llamados “señoros”, los “machirulos” de los que tanto se habla.”

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