“Nos educan para ser machistas”

Hay una idea bastante extendida a nivel nacional que me apetecía comentar. Supuestamente, nuestra sociedad educa a las personas en valores machistas por medio de un amplio entramado que va desde las instituciones hasta el hogar de cada uno de nosotros, y que se retroalimenta continuamente. El problema es que, si vamos a los datos, lo cierto es que este relato de que los niños se educan en ambientes profundamente machistas no acaba de resultar muy coherente. Para empezar, y como contexto, voy a citar este artículo de La Vanguardia:

https://www.lavanguardia.com/vangdata/20151002/54436983716/el-95-de-los-maestros-de-educacion-infantil-son-mujeres.html

Los datos son claros: el 95% de los maestros de infantil son mujeres; en Educación Primaria, son el 76%; y en la Secundaria siguen siendo la mayoría, aunque ya más ajustada la proporción con respecto a sus compañeros varones. Hasta la educación universitaria no encontramos una mayoría masculina, siendo que, además, tampoco llega a ser, en ningún caso, tan pronunciada: 60% de hombres y 40% de mujeres.

Dicho de otra manera, el hijo de una pareja residente en España tendrá, con una probabilidad bastante alta, un total de cero profesores hombres hasta llegar a Primaria. Una vez llegado allí, pasará a unos largos años de educación, con una mente aún formándose y adquiriendo conceptos en un lugar donde, con toda probabilidad, tres de cada cuatro profesores que le den clase serán mujeres, hasta alcanzar la ESO donde aproximadamente uno de cada dos maestros serán también mujeres. Hasta que no llegue a la universidad no tendrá un ambiente predominantemente masculino en la enseñanza. Así mismo, en esta primera etapa tendrá, generalmente, tantos compañeros como compañeras en clase, inclinándose la balanza a favor de estas últimas conforme vaya superando los cursos y el abandono escolar, un fenómeno más masculino que femenino, vaya haciendo mella.

Cuando vuelva a casa, generalmente tendrá una figura masculina y una femenina en el hogar. Incluso el estereotipo de esta sociedad, el del hombre que trabaja y no se ocupa de los hijos y la mujer que se ve obligada a realizar todas las tareas de casa, aporta argumentos a favor del optimismo respecto a la educación que recibirán nuestros hijos y a sus posibilidades de acabar siendo unos misóginos. Al fin y al cabo, si la masculinidad tóxica es el problema, en esta sociedad patriarcal los hombres están tan desentendidos, supuestamente, de la educación de sus hijos que su influencia no sería un problema. Entre su madre y sus profesoras, la mayor parte de estímulos que recibirá para formarse como persona serán femeninos, especialmente si atendemos a las motivaciones que, efectivamente, tienen el propósito de educarlo y no son coyunturales. Dicho de otra manera, las personas que tendrán “permiso” y voluntad de orientarlo en un sentido u otro serán mayoritariamente mujeres.

A nadie le cabe duda, por otro lado, de que las personas no solamente somos educadas en casa y en la escuela, sino que tomamos parte de nuestras actitudes de otros lugares: la televisión, la prensa, la relación con nuestros compañeros de clase; pero también, y este es el punto en el que se suele fundamentar la mayor crítica al machismo, de la estructura de la sociedad, de los roles establecidos y de, en general, todas esas cosas que vemos y que palpamos en el día a día. En esto sí que puedo estar ligeramente de acuerdo (evidentemente, existe una idea profunda, cada vez más minoritaria, que sitúa al hombre como el dominador lógico de lo público); sin embargo, el hecho es que ese concepto no debería durar mucho más tiempo, y que ese predominio masculino está reduciéndose rápidamente, de modo que tampoco es una excusa para justificar que las niñas españolas necesitan más referentes femeninas de las que ya tienen. No estamos en un sistema predominantemente masculino en todos los ámbitos, por mucho que esa explicación guste, y España no es un “paraíso machista”.

España es un país donde:

-el 40% de los parlamentarios son mujeres, cifra que sigue en aumento (https://www.lavanguardia.com/politica/20160719/403327678213/40-mujeres-congreso-cabeza-de-europa.html)

-el 53,2% de los jueces son mujeres (https://www.lavanguardia.com/vida/20180328/442005708339/el-numero-de-mujeres-jueces-sigue-en-aumento-ya-son-el-532-por-ciento.html)

-el 27% de los puestos directivos están ocupados por mujeres (https://www.bolsamania.com/noticias/economia/el-numero-de-mujeres-en-puestos-directivos-se-estanca-en-el-27–3165041.html)

-2 de cada 3 MIR son mujeres, lo que demuestra que la Sanidad va siendo cada vez más femenina (https://www.redaccionmedica.com/secciones/formacion/la-profesion-medica-hacia-la-feminizacion-2-de-cada-3-mir-son-mujeres-4012)

La acusación de que hemos sido educados para ser machistas se suele basar en hechos bastante fragmentados y en interpretaciones sesgadas de nuestra vida personal. Lo cierto es que tenemos una sociedad en la que la mayoría de profesionales de la enseñanza son mujeres desde hace ya muchos años y, además, un país en el que las mujeres copan cada vez un mayor porcentaje de puestos directivos y de plazas en carreras universitarias antaño reservadas para el sexo masculino. No se nos está educando para ser machistas; los machistas existen, pero no son fruto de nuestro sistema educativo, donde las miles y miles de profesionales que nos han enseñado merecen un respeto, ni tampoco podemos buscar justificación para sus conductas en una España que acepta perfectamente, de forma más que mayoritaria, la competencia leal y honesta entre sexos, y en la que los desequilibrios injustificados y culturales entre sexos caminan velozmente hacia su desaparición.

No obstante, no quiero perder la oportunidad para dejar algo claro. Creo que nos equivocamos si pensamos que la educación y la acción gubernamental deben trabajar de forma coordinada para reducir a cero absolutamente todas las diferencias entre sexos. Pretender que haya una igualdad absoluta en el desarrollo de sus vidas entre hombres y mujeres, obviando sus diferentes intereses (cosa perfectamente legítima y evidente desde una perspectiva biológica, basta con consultar fuentes más que reconocidas) y convirtiendo cada desviación del 50% ideal en un motivo de crisis no es una aspiración sana. La igualdad debe ser una oportunidad para que persigamos nuestros intereses, y no la obligación de seguir el recto esquema de la equidistancia. Ser libre es mucho más importante que ser igual. Ni somos educados para ser machistas, ni debemos ser educados para ser clones.

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