Sobre el examen de Selectividad de Matemáticas en la Comunidad Valenciana

Quien viva en la Comunidad, ya sabe la polémica que se ha generado a raíz de la prueba de Matemáticas II (para que nos entendamos todos, las “difíciles”), de una dificultad destacable a juicio de los alumnos y de buena parte de los profesores. Quien no, seguramente habrá tenido la oportunidad de leer sobre el tema o de escucharlo en las noticias. El resumen ya lo he explicado: los alumnos valencianos se quejan de la excesiva complicación de su prueba de Matemáticas, y del agravio comparativo que supone la dificultad de la misma de cara a entrar en el grado que hayan elegido. Es bueno recordar que, para algunas titulaciones, como es el caso de Medicina o del doble grado de Física y Matemáticas, la famosa nota de corte supera el 13, de modo que cada décima cuenta.

Siempre tiendo a analizar las cosas con una cierta lejanía. Como las quejas del resto de Comunidades no han trascendido, me vais a permitir que suponga que el examen ha sido más complejo de lo normal. He podido leerlo y, honestamente, me parece que lo es; no obstante, simplemente vamos a suponerlo. Dado que el alumno que se haya presentado a esa prueba tiene un perjuicio posible en su calificación, la pregunta más lógica sería: ¿tiene alguna ventaja a cambio? La vida suele ser un intercambio, y los caminos más difíciles suelen ser elegidos por la mayor recompensa que espera si conseguimos superarlos. En este caso, ¿ganas algo porque tu examen sea más difícil? Esta misma cuestión vale para todas las veces que hayamos escuchado hablar de un examen de Selectividad más difícil de lo normal.

La respuesta, por supuesto, es que no. Incluso si te quedas en la Comunidad Valenciana, cualquier calificación de cualquier prueba de Selectividad puede arrebatarte la plaza, solo con que sea más alta que la tuya. No tienes trato preferencial de ningún tipo, ni tu examen “pondera” más por ser más complicado. Si vas lejos de tu casa, pasa exactamente lo mismo: tu nota se compara directamente con la del resto. De esa manera, no ganas absolutamente nada a cambio. Que tu examen sea más difícil es, simplemente, una molestia que te ha tocado por sorteo y que, en ocasiones, puede arruinar tus planes. Bienvenido al mundo real.

Nunca he conseguido decidir si prefiero una Selectividad única o que cada universidad pueda crear su propio criterio de selección. Después de mucho meditarlo, creo que tengo una respuesta sencilla: en caso de que tu nota sirva para ir a cualquier centro de España, considero que la prueba de selección debería ser única. Si, por el contrario, cada universidad pudiese elegir a sus alumnos de la forma que considerase oportuna, pienso que sería razonable apostar por ese sistema de una forma completa (si bien, por supuesto, habría de realizarse la transición de manera gradual).

El problema, en ocasiones, es que el dilema lo tienes delante, y tienes que atajarlo ya. En este caso, pensar en modificar el sistema, en crear una Selectividad mejor y en eliminar las quejas con unos exámenes de calidad es un objetivo loable; no obstante, para los que se han presentado a las pruebas de 2019 resulta una promesa más bien estéril. Necesitan una solución que les satisfaga en el menor tiempo posible, y creo que la mejor manera de atajar sus protestas sería aumentar artificialmente la ponderación de los exámenes que resultasen más complicados, o pensar en algún otro mecanismo para incrementar la nota de los agraviados. Debería realizarse a través de un acuerdo extraordinario entre todas las partes implicadas, y creo que sería enormemente injusto eliminar como tal el examen, puesto que negaría, a quienes lo completaron adecuadamente, la calificación que merecen.

Por supuesto, esto no sería más que un parche momentáneo que trataría de dejar conformes a alumnos valencianos, asociaciones estudiantiles, profesorado y universidades al mismo tiempo, y generaría multitud de solicitudes de la misma índole en los años venideros o, incluso, quién sabe si este año 2019. Al fin y al cabo, es cierto que sentirse agraviado es algo muy personal, y que nadie tiene un manual para decidir quién puede pensar que lo han perjudicado. La forma de solucionar esta situación (como ya digo, con matices) es que la comunidad estudiantil y los profesores, en su conjunto, evalúen si cada solicitud tiene sentido como tal. El baremo mediático no debería ser, ni mucho menos, definitorio, y el problema de fondo habría de ser atajado como corresponde para que la Selectividad del 2020 sea un examen mucho mejor.

¿Qué se hará al final? Quién sabe. Probablemente nada.

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