Sobre estudiar el Grado en Matemáticas: mi opinión sincera

Hoy he decidido tener un ataque de sinceridad y, aprovechando estas fechas de Selectividad, daré mis impresiones sobre el Grado en Matemáticas. Solo es mi punto de vista y, como tal, está todo lo sesgado que una opinión personal sobre una carrera de cuatro años lo puede estar; no obstante, si explico qué tipo de persona soy y por qué elegí esta opción y no otra, tal vez alguien cuyas condiciones se asemejen a las mías pueda extraer alguna conclusión útil. Prometo tratar de ser breve.

Lo cierto es que mis verdaderas pasiones siempre han sido la literatura y el pensamiento filosófico. Me considero una persona “de letras” y la carrera que más me interesaba era Filosofía (la estoy cursando por la UNED y hablaré de ello en el siguiente post), pero las ciencias tampoco se me daban mal y dudaba entre Física (otro de mis intereses y la materia que más alegrías me dio en mi educación) y Matemáticas, por esta manía que todos tenemos de estudiar algo que nos dé de comer. No pretendo ofender a nadie, pero realmente pensaba así: quería un título que me asegurase o, al menos, me allanase el camino a conseguir un empleo. Para florituras existencialistas tendría Filosofía, que podía cursar con más calma a lo largo de mi vida. En definitiva, de las ciencias lo que más me interesó fue la posibilidad de encontrar un empleo decente.

Me debatía entre la Física y las Matemáticas. Se me daban mejor las primeras. Por resumir, acabé eligiendo las segundas pensando en las salidas profesionales y en que podría hacer el otro grado cuando terminase todo y ya encontrase la estabilidad. En definitiva, lo mío no es una historia de amor. Es el relato de una asignatura que no me disgustaba, en la que sacaba muy buenas notas (aunque peores que en Física) y que sabía que tenía futuro, y que decidí que se transformase en mi carrera universitaria presencial. De ese modo, una materia de la escuela y el instituto se transformó en 240 créditos que me han costado sudor y lágrimas, y de los que os quiero hablar. Este post valdrá para la Selectividad de 2019, 2020, 2021 y cualquier año en adelante, supongo. No creo que las cosas cambien demasiado en los años venideros.

Mi historia con las Matemáticas no ha sido otra cosa que un “quiero y no puedo” que se transformó en un “ni quiero ni puedo” en el tercer año. No deseo echarle la culpa a nadie: la elección fue mía y, aunque mis reservas y quejas se han repetido en amigos míos que pensaron en cursar el Grado en la UNED (es decir, online y no presencial), sigo creyendo que es posible que se trate solo de episodios aislados. Por ende, me ahorraré detalles: es una carrera MUY teórica. Sé que estarás pensando “bueno, es lógico, son los fundamentos de todo”. Efectivamente, futuro compañero de desdicha: son los fundamentos de TODO. Y eso afecta a lo que vas a hacer durante cuatro años.

La estructura de las clases, donde yo cursé el Grado (Valencia) se limitaba a clases teóricas donde, durante dos horas, hacían algo parecido a explicarte una asignatura. La base era el trinomio “teorema, demostración, corolario”. Es decir, enuncias un resultado teórico, viene toda la prueba de cómo se llega al mismo y sacas otras proposiciones que se pueden conseguir a partir del teorema. En ocasiones, la demostración del corolario también es larga y enrevesada. Y ese ritmo de copiar, copiar y más copiar se repite durante horas, y horas, y horas. Es la verdad. Basta con que cojáis un libro de Matemáticas y observéis cómo desarrolla los contenidos. Es una breve explicación (muchas veces inexistente) de por qué deberías querer saber eso y la obtención de un desarrollo fiable de cómo alcanzar esa conclusión que, al cabo de hora y media, has olvidado que te interesaba.

Tus apuntes serán eso, lo que conlleva que estudiarás así. Es repetitivo, y tiene que gustarte, porque es lo bonito del grado. En serio, saber el proceso en sí es lo hermoso, o eso decían algunos profesores. Si buscabas un “bueno, he entendido más o menos el desarrollo, seguro que me exigen aplicar este resultado a X problema o hacer algo más imaginativo”, te equivocas. Te van a pedir que te aprendas la demostración. Que te la aprendas, con pelos y señales. En ocasiones, deberás saberte cómo se demuestran decenas y decenas de resultados. En el examen aparecerán unos cuantos y, aunque te haya encantado la asignatura y tengas una idea general de la misma más que suficiente para explicarla, lo que valorarán es que reproduzcas, cual fotocopia, el contenido de la idea que tuvo Cauchy. Es la verdad, lo lamento.

Seguramente, el lector estará pensando que todo esto suena lógico. El problema es que no lo está visualizando. Está imaginando un “estos resultados, unidos, llevan a esta otra conclusión”, cuando es más bien un “consideremos esta función y apliquemos esta transformación que se le ocurrió a Levesgue, luego tenemos en cuenta un resultado previo y comprobamos que cada uno de sus supuestos se pueden aplicar a la función, para finalmente aplicarlo y tener la mitad del problema resuelto”… en conclusión, fácilmente una demostración se puede extender más de una página y media, y realmente debes RECORDARLA. Con pelos y señales. Os juro que con pelos y señales. Reitero una vez más que no es un croquis mental, un “oh, sí, se utilizaba este resultado”. Es que te vengan a la cabeza las conexiones de cincuenta mil resultados diferentes y sepas enunciar y probar todos. Es evidente que lo olvidarás pronto, pero te examinarán de esta manera durante cuatro años.

Los exámenes prácticos alivian un poco, pero muchas veces las clases se quedan cortas. La matemática teórica, al menos en Valencia, le tiene completamente comido el terreno a la aplicada, de manera que incluso en una asignatura sobre integrales puedes aprobar sin dar pie con bola. En general, si tuviese que explicar cuál es el problema, diría que radica en que la carrera se llena de asignaturas extrañísimas que nada tienen que ver con lo que te imaginas al entrar. Puede que te suenen los polinomios, las integrales o las derivadas, pero el tema es que, en seguida, te enfrentas a:

-Grupos, subgrupos, cardinales de grupos, operaciones con grupos, anillos, cuerpos… Mirad un poco de qué va el asunto.

-Integrales sobre caminos, funciones diferenciables, variable compleja…

-Geometría diferencial y todo lo que conlleva, basta con leer un poco para entender a lo que me refiero.

Y así podríamos seguir hasta mañana. Es decir, en lugar de sentar las bases para que integres como un campeón, utilizarás un montón de resultados que te permitirán decir que una integral es cero, aprenderás cómo se integra en una circunferencia y, al final, te habrás entretenido en muchas florituras pero temblarás al ver un cambio de variable. Lo mismo pasará con muchas partes del álgebra. Habrás visto de todo pero seguirá dándote miedo. Todo es acelerado y brutal, y te pasa por encima en ocasiones. La matemática es difícil y te tiene que encantar. Ni que decir tiene que, si eso pasa con el Análisis Matemático, el álgebra ya es la apoteosis de lo teórico y lo intangible. Todo un desafío que, realmente, no creo que me haya satisfecho lo suficiente superar.

Las asignaturas como Probabilidad, Estadística o Investigación Operativa, que tienen que ver con aquellos conocimientos que todos imaginamos que te ofrecen un porvenir (saber resolver problemas de optimización para la industria, por ejemplo) serán mucho menos frecuentes que el Álgebra y el Análisis. Valdrán menos créditos y se tomarán con menor seriedad (al menos en Valencia), salvo honrosas excepciones. El grueso del Grado es teórico y, pese a que la mayor parte de la gente elegirá la vía aplicada en cuarto, habrán tenido que comerse tres años de infinitas asignaturas que tienen más bien poco de práctico.

Pensaba que era mentira que un grado pudiese ser un suplicio si no te enamora: me equivocaba. Son cuatro años, y difícilmente el esfuerzo de conseguir llegar hasta el final vale la desesperación que te asolará en ocasiones. Te tiene que gustar lo enrevesado, lo esquemático, lo cuadriculado, los ritmos controlados y la repetición obsesiva de una misma estructura. Te tiene que apasionar la idea de saberte la “receta” de cada resultado teórico, tiene que asombrarte la belleza del conjunto si no quieres sufrir. La parte de informática, centrada generalmente mucho más en programas informáticos concretos como MatLab, o lenguajes como R que en código como tal (en Valencia solo hay una asignatura de informática) te puede llamar, pero desde luego no saldrás como un experto en Java, C++ o Python. Esa faceta tendrás que desarrollarla a partir de los pequeños contenidos que se te ofrecerán en el Grado, que apenas llegarán a lo necesario para hacer un juego de hundir la flota.

Ojo, todo esto no es malo: a muchísima gente le ha gustado el Grado. Hay quien encuentra hermosos los resultados y quien se siente seducido por la idea de demostrar hasta el detalle más nimio. Las clases de dos horas se te pueden quedar cortas si es lo que te gusta. Basta con mirar un libro de Análisis Matemático, otro de Álgebra y preguntarte si eso es lo que QUIERES saber. No te preguntes si puedes. Pregúntate si quieres, porque no es cuestión de capacidad. La universidad hace mucho tiempo que no tiene nada que ver con el nivel intelectual.

No pretendo extenderme más, y me seduce la idea de que este artículo tenga un final abrupto y anticlimático, en honor al Grado en Matemáticas. En caso de que el lector tenga alguna duda, siempre puede preguntarla en la caja de comentarios. Ojalá esto le haya sido de ayuda.

3 Respuestas to “Sobre estudiar el Grado en Matemáticas: mi opinión sincera

  • El problema de que el grado de matemáticas sea tan popular es que entra gente que no tiene vocación ninguna y puede pasar esto.

    Para empezar, te piden que reproduzcas los teoremas, sí, pero también te preguntan cuestiones. Lo suyo es entender e INTERIORIZAR la materia para no tener que memorizar la demostración y luego poder responder las cuestiones. La mayoría de gente que conozco se pone a estudiar prácticas sin entender perfectamente la teoría, y así les va, por supuesto acabarán detestando esa dinámica. Los exámenes están lejos de ser óptimos, pero ciertas formas de estudiarlos están todavía más lejos de ayudar.

    Si las asignaturas de aplicada tienen tan pocos créditos, que para la materia que se acaba dando debería tener todavía menos, es porque para acabar con una base relevante en todas las ramas hay que ponderar según la dificultad de la propia rama. Por supuesto sobra algo de análisis, por ejemplo, pero las bases que necesitas no van mucho más allá de lo que se podría dar con esos créditos (sé que estudiar bayesiana y algoritmos de big data sin haber dado ninguna optativa, por ejemplo).

    Una solución para la gente que lo que busca es trabajo (o aprender a integrar con cambio de variable…) podría ser abrir un grado con cosas aplicadas, como el que existe ahora de big data, o estudiar este mismo.

    Mi consejo para el que tiene una sensación así el segundo año es que se deje la carrera y haga algo que le guste de verdad, porque si piensas que la cosa va de demostrar detalles nimios evidentemente no te está gustando, o sea más sencillo y le dé salidas laborales de verdad (por ejemplo el grado de ciencia de datos).

    • Siempre he tenido tendencia a asumir que, si la mayoría de la gente reproduce un comportamiento concreto, es porque el estímulo que reciben motiva esa reacción. Creo que si la mayor parte estudia de una determinada manera es porque, generalmente, los resultados a largo plazo son buenos o, al menos, satisfacen a las personas que llevan a cabo esos métodos. Si no fuera así, no me cabe duda de que cambiarían.

      Por otro lado, la vocación es un tema complicado, porque no es algo muy generalizado. La universidad se ha abierto tanto que prácticamente hay un grado para cada sensibilidad, sea aquí o en otra parte. El problema es que el prestigio de todos los grados no es el mismo. ¿Es peor alguien que coge Matemáticas por las salidas que los miles y miles de alumnos que estudian una carrera porque no pudieron entrar a la que querían? Tengo mis dudas. El mundo está lleno de médicos frustrados que habrán acabado haciendo otro grado, y no veo una gran preocupación social por la masa de desmotivados y rebotados que viajan de una carrera a otra intentando dar pie con bola al final. Ni que decir tiene la cantidad de gente que no le ha pasado como a mí o a otros (sentir indiferencia hacia lo que estudiar y acabar eligiendo por descarte), sino que directamente sabía que quería estudiar algo y que le iba a encantar pero era un nuevo grado, o algo no muy bien visto socialmente y ha preferido seguir la “senda del éxito”.

      Me ha sorprendido, y tengo que decirlo, la cantidad de gente que ha estudiado el grado que me ha manifestado estar de acuerdo conmigo en mis planteamientos. La realidad es que la universidad es un juego como cualquier otro y, al final, también va de prestigio. Muchos están en Matemáticas porque es una gran carrera que tiene muchas salidas y te asegura un estatus, por mucho que en el fondo piensen que es una basura (cosa que no comparto del todo, pues pienso que cualquier inversión de 4 años sin retorno va a ser igual de miserable que ésta). Al final, la universidad es un paso más en la vida y transcurre teniendo en cuenta muchos factores. Por mucho que te guste la Filología Árabe y sea la pasión de tu vida, si te asesora alguien con un criterio medianamente normal te dirá que estudies algo que te ofrezca mejores posibilidades de futuro. Ciencia de Datos será una opción razonable cuando varias generaciones hayan salido y encontrado un buen trabajo, con una remuneración similar a Matemáticas y un “nombre” equiparable (si tuviese que entrar ahora, no la elegiría porque no me interesa ser conejo de Indias). Al final, inviertes tu tiempo en conseguir un diploma, y vale la pena que la inversión te devuelva, cuanto menos, el aplauso del resto de la gente. Total, en cuanto salgas, te puedes olvidar, pero el título no te lo quita nadie y el sueldo, tampoco.

      Respecto al tema de los teoremas y las cuestiones, quien haya estado en el grado es conocedor de que el 80-90% de las materias se pueden aprobar reproduciendo los teoremas y “rascando” en la parte práctica. Ojo, este artículo no pretende motivar ni desmotivar a nadie a cogerse el grado. Intento que los que en la ESO y Bachillerato han flipado con integración, derivación, trigonometría, optimización, etc. entiendan que la cosa no va a ser igual. Que hay una cierta diferencia entre lo que se hace en las Mates en Bachillerato y el ritmo de la carrera es algo que considero innegable, y mi principal objetivo es que nadie se confunda y piense que va a venir aquí a seguir el sendero lógico (en su cabeza) desde Bachillerato. Que, cuando entren en el grado y vean una pizarra y un señor durante dos horas repitiendo “teorema, demostración, corolario” no digan “ojalá alguien me hubiese avisado”. Lo considero un objetivo loable.

      He encontrado gente de todo tipo. Alumnos hundidos en segundo, motivadísimos en cuarto, cansados en primero… hay de todo. No obstante, mi postura se reafirma cada vez que hecho la vista atrás y recuerdo a quienes me dijeron que integraban mejor en Bachillerato que ahora en cuarto de carrera. Y te aseguro que, igual que yo, son alumnos que cualquiera diría que han superado el grado de una manera excelente. Todo es una obra de teatro.

      Muchas gracias por el comentario. 🙂

  • Pues imagínate como será estudiar el grado en la UNED !!!. Las Matemáticas a nivel universitario tienen un grado de abstracción superlativo y si no te gustan de verdad puedes acabar desquiciado. Mejor estudiar Física.

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