Sobre las carreras universitarias.

Supongo que estamos en las fechas en las que todos los estudiantes de Bachillerato tienen ese romántico debate interno sobre qué carrera escoger. Hay a quien le gustan más las letras, quien se decanta por las ciencias y quien sueña con encontrar unos estudios que combinen ambas. Al final, la cuestión de elegir el grado que cursar, incluso si se tienen claras las prioridades, se convierte en una lucha contra la nota de corte; las aspiraciones de muchos se quedan en nada, y acaban eligiendo otra titulación cuyo acceso se antoje más sencillo.

Sea lo que sea aquello que te guste, deja que te cuente un secreto. Incluso si has pasado ya la etapa universitaria, seguro que te interesa. La verdad es que la universidad es una experiencia en la que pagas, mayoritariamente, con tu tiempo. La matrícula es lo de menos. El espectáculo que verás en estos cuatro años (en el mejor de los casos, porque puede que se alargue) no será más que la antesala del verdadero propósito de tu presencia: el título como tal. Porque sí, acabarás yendo, desesperadamente, a por el diploma. Da igual lo que pienses ahora; si formas parte de la inmensa mayoría (entre los que me incluyo), te morirás de ganas de acabar ya desde tercero de carrera.

Esto es una etapa más de la vida. Sí, lo siento, no somos la gran cosa. El 41% de españoles entre 25 y 34 años tiene estudios superiores, sean FP de grado superior o un grado universitario. La vida está planteada de esta forma: seas lo inteligente que seas, tengas las habilidades que tengas, en España o eres un gran deportista, o un hombre de negocios precoz, o te toca estar estudiando. Da igual quién seas tú particularmente. Tienes que conseguir ese maldito papel, sea como sea, porque si no nadie te tomará en serio. Casi todo el mundo tiene algún documento que acredita que sabe algo, de modo que, aunque seas la persona más brillante de todos los tiempos, o eres rico, o tienes contactos, o te verás obligado a invertir al menos 22 años de tu vida para que alguien se crea que no eres idiota. La vida es así. Esto es ya como nacer, crecer, reproducirse o morir: una fase.

La universidad es una experiencia, como ir al cine, solo que dura muchísimo tiempo. No me malinterpretéis, es positivo que sea así: sales con una carrera y con un futuro por delante, las empresas interpretan automáticamente que sirves de algo y todo es mucho más sencillo. Es un sistema razonable que, además, pone en contacto a la gente joven, crea un ambiente pseudo-intelectual y hace un gran servicio a la comunidad. El problema radica en la desilusión que puede tener alguien que llegue nuevo a un grado: todo el mundo lo mira como si fuera imbécil si manifiesta un interés grande en un área de conocimiento, hay mucha gente repitiendo una vez tras otra, las cafeterías están más llenas (en ocasiones) que las clases, las bibliotecas solo se colapsan las semanas previas a los exámenes, y el motivado joven se tiene que enfrentar a la realidad: todo es una bonita obra de teatro.

Elijas la carrera que elijas, verás la verdad: a la inmensa mayoría de la gente, muy en el fondo, solo le importa aprobar. Es algo mecánico, como lavarse los dientes; se estudia por obligación, por presión social. Es decir, la mayor parte de gente adopta el papel de “estudiante”, exactamente igual que uno se acoge a la fantasía de ser trabajador cuando no le queda otro remedio. Ejecuta su función de la mejor forma posible, aparentando una cierta turbación cuando las cosas salen mal y enredándose en terrible sufrimiento impostado cuando corresponde. En el fondo, es como todo: podrían arreglar sus problemas si les motivase de verdad lo que hacen, si estudiasen con fervor, pero todos nos damos cuenta de que ese no es nuestro papel. No tenemos que ser devotos cultivadores de nuestra razón, como monjes devorando la sabiduría a su alcance en un aislamiento total; debemos ser unidades consumidoras, concentradas en mantener el precario equilibrio entre la promesa de alcanzar un gran saber y el cultivo social de nuestro egoísmo.

Esa es mi perspectiva, pero no debe verse como algo amargo, sino cómico. Incluso si eliges la carrera que más te guste, habrá asignaturas que te desagraden (muchas, de hecho), y tendrás momentos de enorme turbación. La receta para pasar por esos malos momentos, basándome en mi propia experiencia, está en saber relativizarlo: el grado no es más que un acontecimiento social, una vivencia más. No va a marcar tu desarrollo profesional, ni decidirá si eres un genio o no. Los que verdaderamente harán algo extraordinario no lo harán porque se les dé bien pasar exámenes en un grado, con sus estándares medios preparados para sacar trabajadores decentes para el sistema. La gente extraordinaria está al margen de eso, por muy infantil que sea la sociedad actual.

Un grado puede ser frustrante, pero mi postura te da muchas ventajas. Elige la carrera que verdaderamente te guste, porque va a ser un camino duro y deprimente hagas lo que hagas. Sentirás que todo va muy lento, que mucho de lo que te enseñan no te interesa, que no te va a servir en el mundo real. Lo peor es que tendrás razón al pensar todo esto. Buena parte de lo que tengas que aprender no es más que una forma de rellenar horas. Como estudiante de Matemáticas, puedo decirte que la pretensión de que seas igual de bueno en Álgebra que en Análisis puede enervarte, pero tienes que afrontarla como lo que es: una ficción divertida. No vas a ser igual de bueno en todo, no vas a comprenderlo todo, no va a gustarte todo. Los verdaderos profesionales en un área son interesantes en ese área en particular. A nadie le importan los conocimientos en Álgebra de un profesional de la Estadística, por ejemplo. Y ya te digo que, si logras ser un buen profesional en algo, bastante habrás hecho.

No te tomes demasiado en serio la experiencia universitaria. Tienes que pasarte ahí, como mínimo, hasta los 22 años. Te preguntarás qué estás haciendo con tu vida, por qué todo es tan genérico, por qué la gente está tan desmotivada… afronta tu frustración y por nada del mundo le des demasiada importancia al tiempo. Estos primeros 22 años, que serán más si quieres hacer Máster, es un pago al sistema por la libertad futura. No hay más: tienes que participar del juego. Convéncete de lo mucho que te motiva tu entorno, aunque sea mentira, y sigue hacia delante. Es duro, pero la universidad es el peaje de la gente extraordinaria, a la vez que es, también, un regalo para la gente normal. Nos hace a todos iguales, en todos los sentidos. Convierte algo que antes era una experiencia que llenaba toda la vida en un paso más del camino, pero al menos nos obliga a todos a andar un poco.

Confía en tu criterio. Nada es tan importante.

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