Estudiar en la UNED: una opción mal entendida y algunos consejos

Estudiar a distancia es, para muchos, una forma interesante de afrontar una carrera universitaria. La UNED, igual que muchas otras alternativas, tanto públicas como privadas, se convierte en la opción predilecta de quienes desean poder tomarse sus estudios con más calma, de quienes ansían una planificación más laxa o, simplemente, de quienes necesitan poder compaginar su formación con otras actividades -trabajar, por ejemplo-. Es, incluso, objeto de deseo de jóvenes que aborrecen ir a clase y consideran que liberarse de las horas de docencia les haría disponer de mucho más tiempo provechoso que el que las largas horas teóricas les ofrecen. Por ende, no es de extrañar que, en una sociedad en la que las horas del día se quedan cortas, modelos educativos basados en una supuesta independencia y eficiencia triunfen de forma cada vez mayor.

En mi caso, el de un estudiante de Matemáticas en formato presencial que ansiaba compaginar dichos estudios con los de Filosofía, la UNED era, en esencia, la única posibilidad que existía, de forma que me decidí a arriesgarme y probar la experiencia que una “doble titulación” ofrecía para mí; como suele ocurrir en estos temas, la primera toma de contacto hizo que todas mis ideas preconcebidas cayesen en el olvido: la UNED no era lo que parecía y, aún así, me gustaba, tal vez más incluso que si hubiese cumplido con los estándares imaginarios que yo le había atribuido sin base alguna.

Descubrí, al poco de empezar, que el método era bastante más libre de lo que sugiere la idea de una universidad a distancia. Disponía de una bibliografía básica, buena parte de ella manuales disponibles en línea y obras originales de autores por todos conocidos, así como de material   complementario en caso de querer ampliar mis conocimientos en algún aspecto concreto. El temario era explícito y se correspondía, de forma directa, con los temas de los manuales básicos. De esa forma, pese a que dispondría, durante el curso, de otras opciones extra, podía retirarme individualmente y estudiar y preparar los exámenes sin necesidad de interactuar en ningún otro momento con el “campus virtual universitario”.

Para una persona como yo, que aborrece las clases desde siempre, poder prepararlo todo al margen de tutorías virtuales y clases presenciales era una mejora sustancial respecto al formato habitual. El descubrimiento, algo posterior, de la existencia de un banco de exámenes disponible para todos los estudiantes de la UNED lo hizo todo aún más sencillo, pues incluso conocía ya el estilo de preguntas y el modelo que iba a servir para mi evaluación venidera.

Pensándolo fríamente, y con la experiencia de tres años de estancia universitaria, debo decir que la UNED me ofrece cosas que, en teoría, todos atribuiríamos antes a la universidad presencial: conocimiento del formato de exámenes, claridad respecto al temario y materiales de calidad. Reitero que es natural que todas estas ventajas se atribuyan, con un poco de sentido común, a la opción que te ofrece un contacto directo con el profesor y, por ende, te permite entender su forma de dar la asignatura; sin embargo, pensándolo con frialdad, precisamente la falta de contacto es favorable a la claridad en el temario y al compromiso con una vida estudiantil sencilla y llena de facilidades y opciones.

Soy consciente de que la UNED soporta la pesada losa de ser una universidad con una tasa de aprobados bastante pequeña, sensiblemente inferior a la del resto de universidades de España. En ello influyen, y no es por ser excesivamente optimista o poco crítico con su funcionamiento, muchos factores que pocas veces se tienen en cuenta de forma adecuada: el hecho de ser a distancia, con toda la falta de presión que eso implica; la objetividad completa de las correcciones; la presencia de muchas personas que lo compaginan con su empleo o con otras titulaciones y que, por ende, pueden flaquear intelectualmente en algún examen o llevarlo peor preparado y, por último, la nula necesidad que tiene la UNED de venderse como un lugar donde es fácil aprobar.

Creo que ya hablé, en un artículo previo, de cómo en mi universidad -la presencial, nos entendemos- la ausencia cada vez más pronunciada de suspensos se vendía como un éxito rotundo. Es evidente que, cuando un alumno tiene múltiples opciones para hacer la misma carrera, suele elegir el lugar donde se le ofrecen mayores facilidades y, por ende, la UNED no compite por hacerse con él directamente; la UNED coge lo que se les cae al resto de opciones, por una u otra razón -aunque esto esté cambiando rápidamente-. La UNED no tiene por qué presumir de ser la alternativa donde todo va a ser más sencillo, porque el alumno objetivo es independiente y tiene mejores cosas que hacer que preocuparse de esas minucias; elige estudiar a distancia porque es la mejor forma para él, y no presta mucha atención a lo fácil o difícil que es estudiar allí.

Pues, ya debes saber que, en la UNED, no vas a tener que ir a clases; ni siquiera tienes por qué ver las tutorías virtuales en tu casa ni participar en ellas, ni hay razón alguna por la que invertir mucho tiempo en los materiales complementarios si careces de tiempo para ello. Si te matriculas, tienes una idea clara del contenido que vas a cursar y de los manuales necesarios para ello, y ejemplos de exámenes -incluso hechos por otras personas, con anotaciones de la corrección- y de apuntes elaborados por alumnos anteriores -solo hay que saber buscar- por Internet. No hace falta que hagas nada más que estudiar, si bien tendrás la opción de elaborar algunos pequeños trabajos para mejorar tus calificaciones o, sencillamente, para que el examen tenga un peso más liviano en tu nota final -algo parecido a una evaluación continua, vaya-.

Si tuviese que dar consejos sobre la UNED para iniciados, o para quienes se están pensando si comenzar, lo tendría claro: hay que entender la titulación como un reto, sea la carrera que sea. En la UNED, los materiales siempre son densos, están llenos de puntualizaciones y su estudio debe ser minucioso. Como contraprestación, son excelentes y, en infinidad de ocasiones, están disponibles en línea, de manera que el desembolso económico se hace inferior, o incluso están resumidos en la red en forma de apuntes completos, lo cuál te quita mucho trabajo. Los exámenes son peculiares, están llenos de preguntas complicadas y de desarrollo en las que los profesores serán bastante exigentes. Prepárate para elaborar respuestas densas, para tener que entender todo el temario a fondo y saber extraer las ideas clave y para considerar cada examen como un reto interesante y enriquecedor, y no como un trámite desagradable.

Si alguien me preguntase, de forma específica, si recomiendo la UNED, lo tendría claro: sí, siempre que estés dispuesto a cumplir las reglas del juego. Aprende a indagar, disfruta del proceso, entiende cada pequeño detalle que esté a tu alcance comprender, usa todos los recursos disponibles, pregunta a otros alumnos y debate con ellos, visita los foros de la temática y, más particularmente, de la UNED y, en definitiva, vive una vida universitaria alternativa, enormemente interesante, sabiendo que te encontrarás con muchas dificultades, con exámenes exigentes y con muchos fracasos, así como con la incertidumbre evidente de la falta de contacto con el profesor y con el “sistema” que rige la UNED. Quizá verlo todo desde lejos te ayude a ser mejor estudiante.

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