La Educación Secundaria Obligatoria: Mi opinión sincera.

Sé que hay temas en los que muchos articulistas de opinión, no ya en este país, sino en el mundo entero, no quieren entrar. El miedo a sonar rancios, cansados, lentos o poco avispados al valorar temas polémicos, esa sensación de que la gente se les va a echar encima a la mínima, les lleva, muchas veces, al conformismo. Hablan de asuntos fáciles, exponen ideas que no son nuevas, aplicándolas a situaciones diferentes, y piensan que, con eso, ya es suficiente. Permitidme que no sea como ellos y me embarque en la ardua tarea de aportar un punto de vista diferente. Dejadme ser honesto y, si no estáis de acuerdo, tenéis la parte de abajo de este post para dejar vuestros comentarios, mi correo electrónico y mil formas más de mostrar vuestro desacuerdo. De vosotros depende.

En lo que a mí respecta, como persona que está disfrutando estos meses y, espero, disfrutará durante los próximos cuatro años de la maravillosa experiencia de la formación a nivel universitario, soy suficientemente maduro como para criticar mi formación hasta el momento. Podría hablar del Bachillerato y no creo que sonase maleducado o pretencioso, pero voy a ser, si bien concreto y claro como siempre, ligeramente conservador. Quedémonos en la ESO, al menos por hoy.

La ESO es, sin temor a ofender a nadie, absurdamente fácil. La ESO es tan, tan, pero que tan fácil, que resulta increíble que nadie pueda siquiera pensar que hace falta un desdoble improvisado para que todos los alumnos puedan pasar a formación de nivel superior a ella. A nada que sepas formar cuatro palabras seguidas y distingas un verbo de un adjetivo, resuelvas ecuaciones de segundo grado con cierta soltura, aprendas un poco de historia (apenas un atisbo más bien reducido y simplón de lo que ha ocurrido en el tiempo que llevamos los humanos sobre la tierra, tampoco nos emocionemos), sepas chapurrear cuatro palabras en inglés y aprendas un poco sobre cómo funciona tu propio cuerpo y cuál es el río más cercano a tu ciudad, tienes el aprobado. Y, a veces, si pareces un poco tontito, ni eso te hace falta, pero ese tema mejor lo dejamos para otro artículo.

Y diréis, “pero Sicker, mucha gente suspende”. Y yo os daré la razón, no sin antes recordaros que mucha gente fue también la que se suicidó cuando salió el rumor aquel de que todo el mundo iba a dejar de funcionar por no se qué tema del nuevo milenio y los cajeros automáticos iban a devorarte cuando intentases sacar dinero. Mucha gente también ve Mujeres y Hombres y Viceversa. Mucha gente sabe decirte antes la alineación del Fútbol Club Barcelona y las estadísticas de Leo Messi y la historia completa del astro argentino que cualquier dato sobre su propio país. Mucha gente no sabe decir tres palabras seguidas sin que una sea “puta”, “joder”, “coño”, “hostia”, “¿vale?” o “¿me entiendes?” Y. qué curioso, normalmente la gente que suspende en la ESO entra en alguno de estos grupos anteriormente nombrados. La mayoría, en todos.

Que ojo, no vengo a acusar a la gente del noble arte de ser estúpida, no me malinterpretéis. Somos estúpidos por naturaleza, sí, pero no tiene nada que ver con ver un programa u otro, o con suspender o aprobar unos estudios. Somos estúpidos porque queremos serlo, porque nos engañamos, porque vivimos en un mundo de condescendencia, de perdón excesivo y de banalidad. Y eso me hace gracia, muchísima gracia, porque no nos damos cuenta de hasta qué punto el universo humano nos presiona para que no sirvamos para nada.

Es facilísimo dejarse llevar. “No, si no pasa nada, si no te da la mente para aprobar, te vas a hacer otra cosa”. “Si te has equivocado, no pasa nada, abandonas y el año que viene lo intentas con otra cosa”. No quiero ser pesimista, pero si alguien se cree que en un mundo de competitividad, en un mundo globalizado, en el que tenemos acceso fácil a la cultura, una persona puede vivir su vida de forma normal y aspirar a ser decente sin gozar de unos estudios básicos, ese ser humano se ha quedado bastante atrasado, y es algo que me resulta especialmente molesto.

Creo, de hecho, que la mayor lacra de nuestra sociedad es la poca necesidad que nos imponemos de hacer algo útil, de ser mínimamente buenos. Qué queréis que os diga, a mí me daría vergüenza tener 18 años y no tener ni la ESO. Es un estándar de formación, un mínimo de conocimientos que sirve para, después, agrandarlo con más y más saber de la rama que te interese. Pero hombre, lo de la ESO hace falta. Puede que no todo, pero tener un escasísimo conocimiento sobre quiénes fueron los romanos y los griegos, cómo se organizaban, cómo funciona la genética, aprender a escribir aunque sea un poquito, no producir dolor en los ojos de tus semejantes con tu ortografía… A mí no me parecen cosas poco útiles. Luego nos quejamos de que Ylenia es más conocida que Mozart, pero es normal, porque los padres enseñan a sus hijos que, si no son capaces de aprender un mínimo de cultura, aprendan un oficio. Un oficio con 15-16 años. Condenar toda la vida de tu hijo solo porque no le da la gana estudiar un poquito. Hasta ahí podíamos llegar.

Porque de eso se trata, de estudiar. Todos no somos igual de inteligentes, pero la realidad es que la ESO está hecha para que, con un mínimo de trabajo, se pueda aprobar. Si tú no tienes la ESO por la razón que sea, mírate al espejo y pregúntate, de forma sincera, si es porque no pudiste o porque no quisiste. Todos sabemos que nadie, y repito, nadie, que suspendiese en la ESO, le dedicó, por ejemplo, dos horas al día a estudiar, o tres, o cuatro, o las que le hiciesen falta. “Pero es que yo me aburro, es un rollo, no soy capaz de estar tanto tiempo concentrado”. Excusas. Las excusas son el cáncer del planeta Tierra.

Más vale una infancia de trabajo duro y una juventud de estudio y de adquisición de conocimientos que toda una vida sabiendo que el causante de tu ignorancia eres tú mismo. Padres, enseñen a sus hijos que no hay un mundo paralelo para los que rechazan el saber. Que no hay segundas opciones. Que necesitan saber algo para poder vivir en sociedad, para que sus amigos no se rían de ellos cuando digan que no tienen ni idea de quien fue Lenin o qué es el Tercer Reich.

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