“No hagas nada”, la web que te hace los trabajos de la Universidad

NOTA: Este es un blog sobre literatura y opinión. Es mi rincón personal. No formo parte del staff de “No hagas nada”. Les agradecería que, en caso de que hayan llegado a este artículo a través de la búsqueda de “No hagas nada”, me den la oportunidad de entretenerles con otros contenidos. Un abrazo y disfruten de la visita. 

El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor cuando trata de salirse con la suya. No se puede negar que hemos llegado a un punto en el que la codicia y el desengaño total respecto a la moral nos han llevado a la desvergüenza absoluta como sociedad.

Aunque parezca increíble, algo tan clásico como pedirle a alguien que te haga los deberes ha sido convertido, en la página web “No hagas nada”, en un negocio. Su lema, “Deja que otros trabajen por ti”, y su carta de presentación, sugiriéndote cosas que puedes hacer mientras ellos hacen tu trabajo, son una declaración de intenciones de lo más desvergonzada. Hemos llegado al siguiente punto en la escala evolutiva humana, el momento en el que la educación es un absoluto negocio.

Podríamos discutir si existe una gradación en lo mala idea que es copiar un trabajo, en el sentido de que, lógicamente, no es lo mismo, a nivel de repercusión futura, plagiar un trabajo cuando se está en la Educación Primaria que copiar una tesis doctoral, pero el caso es que “No hagas nada” te ofrece un abanico de opciones de lo más extenso, que va desde un simple resumen de un texto a un Trabajo de Fin de Grado o de Máster. Dicho de otra manera, la diferencia a nivel de remordimientos que podría existir entre quien copia un resumen de Internet y quien copia una tesis doctoral se transforma en una mera cuestión de presupuesto.

Por poner un ejemplo, si elegimos un Trabajo de Fin de Grado de 10000 a 12500 palabras, nos costará 440 euros aproximadamente, dependiendo del interlineado elegido y de las fuentes bibliográficas que consideremos necesarias. Y es que lo cierto es que la web ofrece un altísimo nivel de personalización de los trabajos. Se permite elegir la asignatura, la temática, la extensión, la calidad de las fuentes y muchos más detalles, todo adobado con la promesa de absoluta confidencialidad.

Es interesante preguntarse qué sentido tiene esto. ¿Merece la pena pagar por un trabajo? ¿Qué clase de persona encargaría un Trabajo de Fin de Master a unos completos desconocidos? Aunque parezca un negocio redondo, no deja de ser una absoluta temeridad. El público al que está dirigido la web es, presumiblemente, bastante reducido, formado por un grupo de personas nada preocupadas por la validez real, la adecuación y la seguridad respecto a sus calificaciones académicas.

Ojo, es pequeño sobre todo por la sensación de inseguridad que debe generar entregar un trabajo del que apenas se sabe nada. Se puede tratar de entender, pero los detalles no son propios y, obviamente, parte del razonamiento se perderá. No es cuestión de moralidad. Muchas personas no usarían “No hagas nada” por miedo al resultado, a ser descubiertas o, incluso, a que su trabajo fuese rechazado por haber sido realizado por alguien sin conocimientos reales, siendo mucho más pequeño el porcentaje de quienes no lo harían empujados por su sentido de la responsabilidad.

No obstante, ¿merece el hecho de que proliferen este tipo de opciones una reflexión más profunda? Tal vez estemos obviando el detalle de que, si esto se está desarrollando, es porque existe un público objetivo, mayor o menor, que comparte una característica peligrosa: el desprecio hacia el aprendizaje. Nadie puede negar que quien copia pega un tiro metafórico al sistema educativo y, sin embargo, no acaba de provocar una especial indignación social que aparezcan casos escandalosos de plagio e, incluso, tiendas online dedicadas al mismo. Es, cuanto menos, curioso.

Probablemente, todos tengamos algo de culpa. Tal vez no seamos capaces de mantener unos estándares éticos lo suficientemente elevados como para estar en disposición de censurar las actitudes nocivas de quienes nos rodean. Reprochar y reprender a nuestros compañeros es una tarea sumamente difícil, pero es esencial para el buen funcionamiento de cualquier sistema social. Si no existe un mínimo control por parte del conjunto de la ciudadanía sobre los instintos y el ansia de los peores hombres y mujeres de cada país, el avance se hace infinitamente más complicado. El trabajo de verdugo es poco agradecido, pero alguien tiene que hacerlo.

Deberíamos ser más cuidadosos respecto a lo que permitimos y dejamos de permitir. La ética y su manifestación moral no son cuestiones banales, no son asuntos que se puedan recordar un día y olvidar al siguiente. O somos férreos a la hora de atajar nuestros males, o deberemos admitir que sentimos un cierto gusto repugnante hacia ellos. No hay término medio. No existe el hombre bueno a medias, porque ser bueno es una forma de vida, y ésta no se cambia cada vez que sale el Sol. Hasta que no estemos los 365 días del año pendientes de hacer lo correcto, y de que los demás también lo hagan, no conseguiremos que cada uno de nosotros se sienta obligado a hacer el bien.

¿O es que, acaso, no queremos hacer el bien?

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